• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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El abismo

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Desde la accidentada llegada de Maduro al poder no pasa un día sin que el mundo, a través de los despachos de las agencia internacionales de noticias, se refieran a nuestro país. Lo sorprendente hubiera sido que las noticias estuvieran enfocadas hacia los progresos que la nación está realizando hoy en su camino hacia la construcción del socialismo de siglo XXI, con un país en paz, bien abastecido y sin escasez de alimentos ni papel sanitario, sin grupos armados que convierten las calles en campos de tiro al aire libre, sin una infancia abandonada y unas escuelas en buenas condiciones y unos maestros y profesores con sueldos que les permitan una vida decente y cómoda, con hospitales bien dotados y médicos bien remunerados.

Por desgracia, las noticias que leen los venezolanos y que luego salen al exterior no son nada optimistas y más bien nos dejan perplejos porque, luego de que el comandante pasara a mejor vida, se han destapado una serie de escándalos que no sólo nos parecen increíbles, sino que nos muestran una Venezuela profundamente carcomida por la corrupción, enredada en una suerte de telaraña de mentiras y falsedades, de derroche y corrupción, de traiciones y deslealtades. De ello no escapa cierto sector de la oposición que mantienen lazos oscuros o subterráneos con el Gobierno y se prestan a las maniobras más infames. Por suerte están siendo desenmascarados a tiempo.
En cambio en el campo oficialista bastó con la filtración de un audio del conductor de uno de los programas más conocidos de VTV para que la famosa unidad socialista se resquebrajara de tal manera que la lucha interna ya no es política o ideológica sino de odios, rencores, venganzas y reparticiones de áreas de influencia y de negocios. Ya nadie confía en nadie y los saltos de talanquera están a la orden del día.

Se nota a leguas que Maduro no logra consolidar su gobierno ni imprimirle una línea política y económica confiable no sólo para sus seguidores sino también para los venezolanos democráticos que exigen día a día una rectificación y una salida segura y aceptable para su futuro y la de sus hijos.

Ni siquiera entre los propios gobernadores oficialistas se ponen de acuerdo en cuanto a las medidas que deben implementar sus propios estados para combatir la escasez de alimentos de primera necesidad
Por una parte unos gobernadores ordenan sellar con tinta los brazos de los consumidores de Mercal como si fueran ganado, otros anotan los números de la cédula de identidad para impedir que compren más de un producto a la semana, otros cierran supermercados y abastos para controlar el nivel de consumo y desde el Gobierno central le ordenan a la agroindustria dirigir sus envíos de alimentos hacia Caracas dejando sin suministros a la provincia.

Como guindas de esta inmensa locura, el Gobierno informa que la inflación subió algo más de 6% y que vienen nuevos aumentos que van de 15% a 20% en los precios de ciertos productos.