• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Zapatero hasta en la sopa

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Cuesta mucho adivinar a quién se le ocurrió la peregrina idea de traer y entrometer a José Luis Rodríguez Zapatero en el papel de mediador en los asuntos venezolanos. Como diría el detective privado Sam Spade, “hay algo que no encaja”. Lo dicho hasta ahora no convence a nadie porque deja demasiados cabos sueltos. Hay pues, gato encerrado, diría el duro Spade.

Rara vez se ha visto a un político europeo tan comprometido con los entuertos nacionales, hasta el extremo de que no pasamos un día sin enterarnos de sus movimientos sobre nuestros asuntos y de un excesivo y pertinaz deseo de “colaboración” que raya en lo excepcional. Imaginamos que debe tener una organización internacional denominada  Zapatero’s Fundation, dedicada a la rehabilitación y protección de políticos fracasados a punto de ser revocados.

Así como existió El Hombre que calculaba, de Zapatero podemos decir El Hombre que se multiplicaba. Está en todos los escenarios, en los foros, en todos los cónclaves y, desde luego, en Miraflores como si fuera el médico de cabecera de Maduro. Uno se monta en el metro y aparece Zapatero, hay un choque en la autopista y adivinen quién se ocupa de dirigir el tránsito ¡Zapatero!, y si tiene usted urgencia de orinar pues corre al baño, levanta la tapa de la poceta y aparece nuestro mayordomo español… ¡Zapatero!

¿De qué vive este hombre a quien no le alcanza el tiempo para trabajar seriamente? ¿Cuándo se viste, quien le lava la ropa, quien le coloca en la mañana esa sonrisa artificial de animalito de Disney? No preguntemos dónde se baña porque ya se sabe que lo llevan a las playas soleadas de la isla la Tortuga. Allá la brisa es reconstituyente, y regresa a ejercer como vocero principal de una situación que esencialmente no le concierne, debido a que pocas veces en el pasado se interesó por los asuntos venezolanos.

Antes lo que pasaba en Venezuela no le iba ni le venía, pero ahora forma parte esencial de sus inquietudes. Se sabe los nombres de nuestros políticos, tanto de la oposición como del régimen, tiene en su libreta sus teléfonos y quizá también los detalles de sus correos electrónicos.

Sin embargo, su trabajo de propagandista del madurismo no deja de levantar sospechas. Lo ha ejercido en el Parlamento Europeo, y especialmente en la OEA, donde llegó al atrevimiento de sugerir ante el secretario general Almagro que detuviera el informe del caso venezolano, considerando la buenas intenciones del régimen en cuyo nombre tuvo el tupé de hablar como si formara parte de su cúpula.

Una actitud tan beligerante y parcial ha sido la comidilla de los mentideros diplomáticos, el comentario obligado de quienes no entienden que hable por una parte en sentido unilateral mientras pretende presentarse como árbitro imparcial y benevolente.

El simple hecho de que Zapatero se desentienda de su España, que no tiene gobierno entre otras cosas por la incapacidad de dialogar que ha demostrado el partido político al que pertenece como líder, para mudarse a nuestros criollos predios, nos obliga a ser cautelosos.