• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Visita patriótica

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Está previsto que llegue a Caracas Antonio Patriota, canciller de Brasil. Sacrifica los maravillosos Carnavales de Río para seguir estrechando los lazos de amistad con el pueblo y especialmente con la economía venezolana. Es su primera visita a Caracas desde que Venezuela ingresó al Mercosur y desde que Elías Jaua es ministro de Relaciones Exteriores de la república.

El canciller brasileño es un destacado profesional de carrera de la diplomacia de Itamarati y tendrá seguramente la oportunidad de familiarizarse con la realidad política de Venezuela en estos tiempos bastante distintos a los de su última visita.

Jaua se encargará de garantizarle que la democracia en Venezuela está en su plenitud, que muy pronto tendrán de regreso al presidente Chávez y que a pesar de los intentos desestabilizadores de la oposición el país se encuentra unido y rodilla en tierra para derrotar las amenazas del imperialismo. Por supuesto, le deberá confirmar los esfuerzos que el Gobierno está haciendo para estimular al sector privado para que produzca más, sea competitivo y aproveche las oportunidades que le brinda la revolución a los emprendedores venezolanos desde nuestra novísima membresía en el Mercado Común del Sur.

Por su parte, el patriota sureño no perderá la oportunidad de afirmarle que Brasil está preparado para llenar los vacíos anaqueles de los supermercados con sus productos como muestra de la irrevocable disposición de su país de seguir apoyando el proceso venezolano.

Lamentablemente, Patriota no tendrá oportunidad de hablar con la dirigencia que representa a otra gran parte del país y que le relatarían la verdad de la Venezuela de estos tiempos carnavalescos.

Se le haría saber por ejemplo, que el nombramiento de su par venezolano es írrito toda vez que el Presidente de la República no ha tomado posesión del cargo para el cual fue reelecto. Que la economía atraviesa un deterioro considerable y que la inflación merma la calidad de vida al igual que ocurrió en Brasil cuando él era apenas un joven diplomático por allá en la década de los ochenta.

Patriota podría escuchar de fuentes confiables sobre la existencia de presos políticos en Venezuela y de la crueldad con que su ex colega Nicolás Maduro, aspirante a presidente, trata el caso del comisario Simonovis. Se le podría confirmar que la injerencia cubana en los destinos del país es excesiva y que la dirigencia política oficialista no da un paso sin previo consentimiento de los hermanos Castro. Incluyendo, seguramente, la aprobación de su visita a Venezuela.

En fin, serían muchas las informaciones de primera mano que podría recibir sobre el estado del arte de la política venezolana. Ciertamente, entre otras cosas, su colega Jaua no le contará que la mayoría de sus viejos colegas venezolanos -diplomáticos de carrera y con los cuales compartió durante muchos años- fueron expulsados de la Cancillería.