• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Violencia sin responsables

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El Mundial de Fútbol le ha caído del cielo al gobierno, pero también a la sociedad en general. Un alivio para los dos, la verdad sea dicha. El primero puede sentir que las patadas de los atletas no solo sirven para meter goles, sino también para que pueda descansar de las presiones cada vez  más fuertes y justificadas de los gobernados. Mientras más éxitos y más chismes de los jugadores, menos apremios contra su lamentable gestión. La segunda, convocada por la fama de unos deportistas capaces de deslumbrarlos con sus proezas, puede alimentar la ilusión de alejarse del infierno en el que está metida, o sentir que solo sufre las penas del purgatorio. En los triunfos o en los descalabros de los equipos de su preferencia, no deja de encontrar remedio para sus urgencias. Por fortuna, o para beneficio de los contactos que se deben mantener con la realidad, las ONG defensoras de derechos humanos no  han caído en el anzuelo de la FIFA.
Esas heroicas  ONG no se olvidan de las 44 muertes que provocó el régimen cuando trató de aplastar con mano férrea las protestas de los últimos meses.

No se han encandilado por el relumbrón de los balones, siguen en su trabajo para dejar constancia de su fidelidad a unos principios y a una conducta ciudadana que se va de vacaciones ante la solicitud de los espectáculos públicos.

Aprovechando que estamos de celebración por el triunfo de las fuerzas independentistas contra los españoles en Carabobo, conviene destacar el hecho de que hoy la represión oficialista ha dado muerte, comparativamente, a casi 25% del número de soldados caídos en la batalla de Carabobo, de acuerdo con el parte oficial firmado por Bolívar. Las bajas de los patriotas no alcanzaron los 200 muertos, menos de los que mueren en un accidente de un avión de pasajeros. Los excesos de los esbirros de Nicolás tienden día a día a aproximarse a los caídos en la histórica batalla.

Pero las ONG también se detienen en indiferencias y excesos del gobierno, que claman al cielo. La autoridad ³no responde ni siquiera por casos conocidos como el de Marvinia  Jiménez, que fue golpeada por una GNB², aseguran desde el Centro de Derechos Humanos de la UCAB. Se hacen los trámites para pedir justicia y las autoridades se quedan en el papeleo, sin llegar a decisiones concretas mediante las cuales se pueda pensar que atenderán sus obligaciones con la justicia más elemental. Lo mismo sucede con centenares de denuncias sobre jóvenes heridos por perdigones y sobre excesos de los guardias con los prisioneros, que se hacen en las cárceles o en los cuarteles después del desarrollo de las manifestaciones. Pese a que sobran las evidencias para determinar la comisión de delitos atroces, entre ellos la tortura, los comandos militares y civiles no encuentran culpables.

Como si buscaran una aguja en un pajar.

Desde el Foro Penal Venezolano se denuncia otra tropelía significativa: los represores se niegan a conceder asistencia médica a los lesionados por su desmesurada conducta. Las víctimas deben atender sus heridas y sus contusiones, algunas verdaderamente significativas, procurando la ayuda de sus familias para la cancelación de gastos médicos o buscando la caridad del prójimo. Que no han faltado, por fortuna, pero que remite a la indiferencia del gobierno ante las consecuencias de los desmanes que ha producido.

"Muchos médicos voluntarios los han atendido, como sucedió con Juan Manuel Carrasco", afirma Lilia Camejo, directora del Foro Penal Venezolano.

Si conmemoramos ahora la epopeya de Carabobo, debemos tener presente la proeza de estos defensores de los derechos humanos que libran una batalla de equidad y misericordia mientras la mayoría de la sociedad se pone frente al televisor a esperar el triunfo de su equipo.