• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Vielma en mora

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Licenciado en Artes y Ciencias Militares (¿?) y egresado de alguna fábrica de abogados al por mayor, José Gregorio Vielma Mora siempre se las apaña para hacerse notar. Fue un cadete aplicado y obediente y, aunque quienes le conocen afirman que no era muy devoto de la fe católica, ofició de monaguillo en sus años de educando en esa academia que los milicos llaman su “alma máter”  - expresión generalmente usada como metáfora de universidad , a la que el eterno cardiopatriota solía acudir para idiotizar a los aspirantes a oficiales-, de allí, seguramente, provienen su circunspección, cortesía  y, sobre  todo, la buena administración de su cara de yo no fui.

Así de cortés se ha mostrado en trinos manifestando pesar y condolencia por el fallecimiento (en circunstancias no muy claras) de Luis Ernesto Calderón, hijo del ex gobernador del Táchira Sergio Omar “el Cura” Calderón ; no ha podido, en cambio, dar muestra de su  proverbial gestión del rostro - que le ha valido elogios para ser tenido como “gerente”, sólo porque a su paso por el Seniat se limitó a seguir las pautas sentadas por el superintendente fundador de esa agencia recolectora de impuestos, José Ignacio Moreno León- pues no ha dado la cara como se debe frente a las recurrentes y ya crónicas manifestaciones estudiantiles que han hecho del estado andino el más constante foco de protestas contra el régimen escarlata; tampoco levantó la voz, ni siquiera para decir pío, cuando su jefe civil, por recomendación acaso de  los capos castrenses, cerró el paso fronterizo con Colombia. Ahora, más enredado que un kilo de estopa, no haya cómo deshacer la madeja de contradicciones con que intenta explicar  el alevoso asesinato de dos jóvenes policías, el pasado 29 de marzo,  perpetrado en San Cristóbal, presuntamente, por dos estudiantes que, por ahora,  permanecen detenidos y al orden del tribunal tercero de control del estado Táchira.

El que se le haya echado el guante a los responsables materiales del abominable crimen no excusa a Vielma  de la soberbia y arrogancia con que trató a la periodista  Mariana Duque cuando lo emplazó para que aclarase las imputaciones, voceros de la policía estatal mediante, que lo vinculan a un siniestro pacto con facciones ultra rabiosas del Instituto Universitario de Tecnología Agroindustrial -lo que ha acarreado la detención de 10 funcionarios del cuerpo- y que corrieron cual reguero de pólvora por las redes sociales hasta aterrizar en los medios convencionales. “El gobernador debe explicarle a las familias, al Táchira y Venezuela si él conocía la agenda violenta, por qué no detuvo a través de estrategias de seguridad ciudadana este tipo de situaciones”, dijo la comunicadora y por ello fue blanco de sus insultantes descalificaciones: “Mentirosa, la periodista Mariana Duque que se vaya a estudiar y formar, es una mentirosa”. Los afrentosos baldones se extendieron a los denunciantes, “fueron engañados a una rueda de prensa convocada por un funcionario ladrón, incurso y denunciado por cobrar o pedirle dinero a empresarios de la región”, y no dejó títere con cabeza, pero quedó en mora con su terruño.