• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Vértigo fiscal

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Aún están frescos en la memoria los atascamientos legislativos que el año pasado colocaron a Estados Unidos al borde del precipicio fiscal, aumentaron la vulnerabilidad de su economía, alentaron más desplomes bursátiles, oscurecieron las perspectivas de recuperación de la economía mundial y, particularmente, aumentaron la incertidumbre en torno a la crisis europea. En realidad no se trató de un mero atascamiento sino más bien de una enorme irresponsabilidad.

Ahora, en las semanas finales de 2012, una secuencia similar ha vuelto a ocurrir: como si las elecciones presidenciales del pasado 6 de noviembre no hubiesen dejado pistas sobre la agenda que favoreció la mayoría del electorado en el que tanto pesaron las preocupaciones económicas; como si el presidente Barack Obama y el partido Demócrata no hubieran tenido disposición de buscar acuerdos razonables; como si el radicalismo del partido Republicano no evidenciara pérdida de apoyos hasta en sus propias filas y, por supuesto, como si el liderazgo político de una gran potencia, cuyas acciones y omisiones tienen repercusiones mundiales, pudiera permitirse la insensatez de aumentar la desconfianza ante los inciertos prospectos de la economía global.

No se trata de negar las virtudes del ejercicio democrático, pluralista y respetuoso de la separación de poderes, que es propio del debate y las negociaciones legislativas. De allí emergerán, ojalá no muy tarde, acuerdos que darán piso firme a las políticas del Gobierno.

El problema es que la calidad de una decisión depende tanto de su pertinencia como de su oportunidad y ninguna de las dos debería, en las delicadas circunstancias de Estados Unidos y el resto del mundo, verse debilitada por el ineludible debate legislativo.

En cuanto a la pertinencia, han sido propuestas dos fórmulas diferentes para afrontar el problema del déficit fiscal. No es el caso confrontarlas aquí, pero lo cierto es que se adelantaron conversaciones para alcanzar reducciones aceptables de recursos para programas públicos, entre ellos algunos emblemáticos en salud, de asignaciones necesarias en el área de defensa y de unos umbrales razonables para los recortes de impuestos a familias de menores ingresos y aumentarlos a las de alta renta.

Los representantes republicanos no solo presentaron un plan ajeno a lo que se venía conversando entre Gobierno y oposición, sino que fallaron en reunir los votos de su propia mayoría en la Cámara a pocos días de concluir la cuenta regresiva.

Y respecto a la oportunidad, esa cuenta regresiva no es solo la que define nacionalmente el último día del año, pasado el cual sin acuerdo legislativo se ensombrecería el panorama de recuperación económica. Hay otra cuenta regresiva: cada día de irresponsabilidad de los republicanos pesa contra la confianza del mundo en el liderazgo de Estados Unidos y debilita las posibilidades de superación de la crisis económica mundial.