• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Otra Venezuela

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En el amplio vestíbulo de la sala de conciertos del Grosses Festspielhaus (Gran Casa de los Festivales), sede principal del prestigioso Festival de Salzburgo, una exposición fotográfica, El milagro de Venezuela, El Sistema y el poder de la música, retrata y sintetiza para el expectante y exigente público que, cada verano, acude a la ciudad natal de Mozart a escuchar y ver a los representantes más destacados de la música y el teatro internacionales, los alcances y trascendencia del Sistema Nacional de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela, un movimiento que es considerado por muchos, los maestros Claudio Abbado y Simon Rattle entre ellos, como garantía del futuro musical del planeta.

La exposición es apenas un respaldo documental a la presencia de más de 1.600 adolescentes venezolanos que se han convertido en protagonistas de la 93° edición del festival, dedicada este año a Richard Wagner y a Giuseppe Verdi. Un protagonismo que ha ido consolidando la imagen y reputación del “sistema”, a partir de la presentación, en 2008, de nuestros jóvenes músicos, pero que ahora cobra inusitada fuerza cuando público y crítica están al tanto de las palabras de José Antonio Abreu, de la vibrante ejecución, por parte de 190 integrantes de la Orquesta Juvenil de Caracas, del mambo de Leonard Bernstein y, por supuesto, de la aparición del emblemático y carismático Gustavo Dudamel, quien al frente de la Orquesta Sinfónica de Venezuela Simón Bolívar dio formal inicio al ciclo venezolanos con una ovacionada y elogiada interpretación de la Octava Sinfonía de Gustav Mahler, llamada de los Mil por la enorme cantidad de ejecutantes que se requieren para su montaje. Fue el primero de los 15 conciertos programados para la presentación de ocho agrupaciones y conjuntos corales, entre los cuales es de obligatoria mención el Coro Manos Blancas, integrado por niños con discapacidades físicas y psíquicas.

Pero no se trata de reseñar aquí lo que sin duda es noticia estimulante para la autoestima nacional, sino de destacar que mientras, en lo interno, Venezuela se debate entre dos concepciones radicalmente opuestas de lo que debe ser el país, en lo externo somos capaces de mostrar al mundo que el tesón y la constancia pueden hacer realidad el más fantástico de los proyectos. Que lo que comenzó hace más de 30 años con un puñado de niños caraqueños soñando junto a su mentor convertirse en disciplinados artistas, es hoy una contundente realidad que cuenta con 400.000 jóvenes organizados en 24 orquestas y 286 escuelas de música en toda la nación.

Del sistema han emergido figuras justamente reconocidas por su talento y virtuosismo, no varias sino muchas y, justamente por ello, tampoco nos arriesgamos a listarlos aquí. Basta señalar que si a cada uno de nuestros propósitos ponemos la energía y el entusiasmo que estos jóvenes músicos en Austria, otro gallo cantaría y otro país tendríamos.