• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Vacío informativo

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El uso de la propaganda suele ser tan eficaz que llega a alterar, manipular y ocultar la propia información para generar así escenarios ilusorios en momentos, como los actuales, cuando reina la incertidumbre y prevalece la incredulidad en torno al progreso o la remisión de los males que aquejan al Presidente.

Se habla de un vacío de poder, pero deberíamos también referirnos a un vacío informativo, pues las contradicciones flagrantes que se perciben entre los comunicados leídos por el ministro de Información y las declaraciones del vicepresidente alimentan la imaginación de los twitteros y desatan los rumores, de modo que nadie sabe a ciencia cierta cuál es la situación real.

Tampoco en el plano internacional se encuentran luces que permitan verificar lúcidamente el camino: el diario ABC de Madrid informó recientemente que el Presidente habría entrado en los últimos días en un “coma inducido” pero no revela sus fuentes.

El País, también de Madrid, se dedica a analizar la aparición de Nicolás Maduro en Telesur -“cadena financiada y dirigida por el Gobierno”-, que “pareció programada para posicionar a Maduro como hombre de Estado y organizar una narrativa oficial acerca del proceso de enfermedad de Chávez, antes que para despejar las dudas surgidas sobre la salud del Presidente venezolano que durante las últimas horas pulularon en las redes sociales”.

La narrativa que se estaría ensayando nos recuerda los últimos días de Franco y nos remite al secretismo que giró en torno a los fallecimientos de Stalin y Mao, nada menos.

Algunos voceros del oficialismo han intentado salirle al paso a la creciente y cada vez más alarmante ola de rumores, pidiéndole a la gente que no hagan caso a habladurías y comadreos. Pero resulta que la gente, es decir el pueblo, exige estar informada y quiere hacer valer el derecho que le consagra el artículo 58 de la Constitución: “Toda persona tiene derecho a la información oportuna, veraz e imparcial, sin censura…”.

El Gobierno parece no sólo considerar inoportuna toda información referida al estado de salud de su líder, sino que además, al mediatizarla para que compagine con lo programado para el venidero 10 de enero, la vacía de cualquier veracidad, de modo que viola abiertamente la letra y espíritu de la Carta fundamental de la República.

Y hay más, pues con este “blackout” comunicacional que sirve de proemio al recién estrenado año, se estaría centrando la preocupación general en la salud del mandatario nacional para que, como muy bien apunta The Wall Street Journal, el desastroso y lamentable estado de la economía venezolana no se haga tan evidente como lo es de por sí.

Expertos en agitación y propaganda, los dirigentes del oficialismo que aspiran a la sucesión -si hubiere lugar- también se valen de este silenciador de noticias para que sus querellas y riñas pasen por debajo de la mesa. Todo es posible porque nadie desde el Gobierno habla claro.