• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Unidad y lucha

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Los partidos, las organizaciones sociales, los gremios y las individualidades que se oponen al gobierno que hoy mal dirige los destinos de la nación, no tienen ni muestran ante el país una opción unitaria que garantice una plataforma política eficiente que les permita desarrollar con éxito una estrategia opositora que sea contundente ante el desastre económico, social y político que vivimos.

No ha habido una rotunda respuesta a la violencia del oficialismo, al encarcelamiento de los líderes de la oposición, a los estudiantes que siguen presos y han sido torturados y al resto de los jóvenes que está sometido a medidas de presentación que carecen de toda base legal. Se priva a María Corina Machado de su condición de diputada y se da por natural que el capricho de un militar vale más que los votos del pueblo.

La unidad de la oposición es necesaria porque sin ella no lograremos detener los atropellos que el gobierno comete y que pretende continuar porque se ha percatado de la debilidad y la desunión de sus adversarios. Constituye una tarea urgente reconstituir la unidad bajo nuevas premisas y nuevos objetivos porque la oposición luce agotada y dispersa.

En estos años no se han fortalecido los esfuerzos de organización a escala nacional y mucho menos se ha penetrado en los sectores populares con grupos de trabajo que no sólo se activen en las jornadas electorales, sino que se establezcan como instancias y canales permanentes de comunicación, movilización y propaganda.

La oposición no aprendió nada de las sucesivas derrotas electorales de los últimos años, ni de la pérdida de gobernaciones y alcaldías debido a una política floja y blandengue, de negociaciones que no conducen a nada que no sea una parálisis política inexplicable.

Incluso en los años de Carlos Andrés Pérez la oposición era más pugnaz, activa y contundente. Hoy se le nota desinflada y fofa, acomodaticia y tranquilaza. Estamos en una etapa triste, gris y nada prometedora para el desarrollo de una estrategia que permita enfrentar tantas injusticias, corruptelas y violaciones a la Constitución. 

La crisis nacional es la consecuencia de las torpezas del gobierno que se ha dado el lujo de malgastar uno de los mayores ingresos que cualquier nación de este continente haya visto en la historia. Todo se ha vuelto agua y arena gracias a las disparatadas fórmulas económicas, regalos petroleros a otros países y entrega de nuestra soberanía a los “amigos ideológicos”.

Hoy Venezuela debe retomar un sendero de conducción pública responsable, moderna, honesta. La administración de la nación exige hombres y mujeres con un nivel adecuado de formación y dispuestos a alentar el progreso de los sectores más desprotegidos.

Es tiempo de una plataforma más amplia que incluya al mayor número de sectores y personalidades que contribuyan a definir una agenda de cara a la nueva realidad que se pretende construir. La nueva herramienta unitaria debe ser opositora en su esencia y combativa en la práctica.