• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Tristura margariteña

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El pasado lunes, Margarita amaneció triste. Los titulares de sus periódicos eran un solo lamento, sus páginas parecían impresas con lágrimas en vez de tinta y no había espacio para los peros y sin embargo, porque lo males que la aquejan no admiten salvedades; los pañitos calientes a los que, muy de vez en cuando, recurre el Ejecutivo regional hace tiempo que perdieron todo poder curativo y se podría decir que ni siquiera son placebos, sino estimulantes del crónico padecimiento que resulta de practicar la improvisación como método para gestionar una provisionalidad con vocación de permanencia. Promesas que no habrán de cumplirse y medidas tan transitorias que, cuando se toman, si es que se toman, pierden vigencia y efectividad, entre otras cosas porque, de acuerdo con lo denunciado por el alcalde del Municipio Santiago Mariño, al gobernador Mata nadie le para en Caracas y tal parece que tampoco le hacen mucho caso que se diga caso en el ámbito insular.

Entre las noticias que amargaron a la colectividad de la isla destaca el elevado número de homicidios ocurridos durante el año que recién finalizó; 212, de acuerdo con El Caribazo, cifra alarmante si se tiene en cuenta que en todo el estado hay menos habitantes que en barriadas caraqueñas como Catia o Petare, lo que hace de la inseguridad, nuevamente, no sólo un problema grave y recurrente y una muestra patente de la incompetencia del general al mando del estado, sino un contundente argumento para ahuyentar a los visitantes porque, además, muchos de los asesinatos reportados oficialmente fueron perpetrados en pleno día y en lugares de masiva concurrencia, como el Centro Comercial Sambil o la avenida 4 de Mayo.

El diario Sol de Margarita despliega información relevante (y deprimente) relacionada con lo que debería ser la principal actividad isleña: la industria turística; así, el matutino se refiere a declaraciones emitidas por el presidente de la cámara hotelera (Cahotel), Juan Francisco Lourerio, quien, entre otros señalamientos, precisó que “las dificultades para que el turista llegue a la isla, la desaparición en la práctica del puerto libre, avenidas y calles a oscuras, restaurantes y otros negocios obligados a cerrar temprano, son condiciones que frenan el potencial turístico neoespartano” Especial énfasis puso el portavoz de los hoteleros en la significativa reducción de la oferta de transporte aéreo y marítimo que, para la temporada navideña 2014, se tabuló en 60% menos que en 2013; también criticó la forma alegre y desproporcionada cómo se decreta y aplica la ley seca que obliga a reducir considerablemente los horarios de expendio de licor y, lógicamente, de apertura y cierre de los establecimientos dedicados a la restauración y el esparcimiento.

Fue deplorable el balance de la recién finalizada temporada navideña. Sin mercancía en las tiendas, la melancolía se ha enseñoreado de las vidrieras y escaparates; las tradicionales ofertas de año nuevo son un remoto recuerdo y las perspectivas de mejoría no son alentadoras, pues son las mismas que esperan al país en su globalidad. No, no sólo Margarita despertó afligida al 2015, Venezuela entera está sumida en la tristura.