El Nacional

• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

Triángulo tenebroso

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Cuando la vocería del gobierno de facto enroscado en el poder desde el 10 de enero hace público un comunicado referido a la salud del Presidente electo, la gente se pregunta por qué no ha habido, a lo largo de este prolongado padecimiento de Chávez, ni un solo “parte médico” que despeje las dudas abrigadas por la población.

Sin embargo, algo parece haber quedado claro desde que el ministro Villegas hizo su primera aparición pública para informar sobre la evolución del paciente presidencial: el centro de decisiones de la República se desplazó a La Habana, y es con abierta injerencia de los jerarcas cubanos que se da forma y contenido a los despachos oficiales difundidos en cadena nacional.

La mil veces violada carta magna establece claramente donde residen los poderes públicos, pero tanto al vicepresidente como sus ministros hacen lo imposible para hacer creer a los venezolanos que Chávez continúa lúcida y diligentemente en el ejercicio de su magistratura allá en La Habana.

Con tal de mantener tamaña ficción tratan de ser ingeniosos y les sale una morisqueta: “Manda más que una dínamo”, aseveran sin que haya testimonios que corroboren la información. Los contradice hasta Lula, que ni siquiera pudo echarle un vistazo.

Entrampados en lo que cada vez más parece una comedia de enredos, y sin los recursos intelectuales para urdir argumentos convincentes, se plegaron al protectorado cubano. Fidel y Raúl Castro, escamados por la sorpresiva debacle de la URSS, no quieren que ahora se les escape de las manos esta segunda oportunidad.

Poco les ha importado a los suplentes de Chávez las duras críticas sobre su conducta. Ellos creen que su jefe, en circunstancias similares, habría actuado como lo están haciendo. A fin de cuentas, fue con la anuencia del comandante que hipotecamos a los chinos nuestro futuro.

Y no sólo en materia energética y financiera: ahora se le está entregando a los chinos la elaboración del mapa minero del país. Y si nuestra integridad política está severamente mediatizada por la intromisión cubana, no menos comprometido lo está el accionar económico frente al agresivo comportamiento del más salvaje de los capitalismos existentes: el chino.

Igor Korotchenko, director del Centro para el Análisis del Tráfico Internacional de Armas de Rusia, sostuvo, hace año y medio, que Venezuela era el principal cliente mundial de armas rusas. La compra de armamento desde Rusia alcanzó, para enero del año pasado, la descomunal cifra de 11.000 millones de dólares. Pero, al margen de esa astronómica cantidad, lo sustantivo es que nuestra defensa depende de Rusia, tanto en equipos como en tecnología, lo que equivale a sostener que nuestra autonomía militar no existe.

Fragmentada la soberanía nacional, y sometidos a los designios de La Habana, Pekín y Moscú, estamos atrapados en un triángulo que no es precisamente el de las Bermudas, pero sí más tenebroso.