• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Tragedia sin explicaciones

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¿Todo fue obra de una conspiración, se trató de un sabotaje, como aseguró el oficialismo? Después de dos años, expertos y trabajadores lamentan que no se efectuara una investigación independiente de los hechos, capaz de arrojar luz sobre lo que en realidad pasó en Amuay el 25 de agosto de 2012. Estas son horas en las que no se ha descubierto ni una sola evidencia de ese supuesto crimen, en las que no ha aparecido ni uno solo de los cacareados complotadores, de lo cual se desprende la debilidad de la hipótesis sostenida al principio por el jefe del Estado y por los directivos de la industria petrolera.

Todo comenzó en la madrugada de de ese día. Una explosión que retumbó en los oídos del vecindario y una llamarada que se observaba desde lejos, indicaban la existencia de un aparatoso accidente en la refinería de Amuay. Más tarde, después de su intervención, los cuerpos de seguridad ofrecían los siguientes datos que conmovieron a la sociedad: 47 cadáveres, 135 heridos y 5 desaparecidos.

De inmediato, el gobierno habló de sabotaje. Como no podía explicar debidamente los horribles resultados, acudió al machacado expediente de acusar a un supuesto enemigo que cumplía el tenebroso propósito de atacar a la patria y de desestabilizar el régimen. Según informaciones actualizadas que provienen de Pdvsa, hasta la fecha del desastre Amuay refinaba 645.000 barriles de petróleo, y hoy llega apenas hasta la cifra de 448.000 unidades. Ha menguado su operatividad, que apenas llega hasta el 69,45 % en relación con estadísticas anteriores al suceso. Sin embargo, el gobierno asegura que se está ante una refinería “en marcha, operativa y eficiente”.

Sin embargo, Iván Freites, presidente del Sindicato Único de Trabajadores Petroleros del estado Falcón, aseguró que Pdvsa no ha realizado inversión o mantenimiento preventivo en los equipos. La falta de seguridad en este recinto preocupa todos los días a los trabajadores de Amuay. Algunos temen que se repita un accidente y consideran que con una mayor rentabilidad debería haber más seguridad.

Para los especialistas de la Asociación Civil Gente del Petróleo, lo que pasó hace dos años en Amuay se debió “a una fuga de gas por deficiencias operacionales y de mantenimiento”. Estamos ante una explicación solvente del doloroso accidente, que rebate con solidez la hipótesis del sabotaje a la que el gobierno se aferró desde el principio y que no ha podido demostrar después de dos años. Los documentos también descubren la falsedad de la existencia de una portentosa actividad en la refinería.

“El espectáculo debe continuar”, afirmó el presidente Chávez mientras observaba las candelas de Amuay. Quería referirse, seguramente, a la obligación de proseguir el trabajo de creación de riqueza después de que se corrigiera la situación; pero, visto lo que ha sucedido en dos años y también lo que ha dejado de suceder en materia de aclaratorias y en el terreno de la productividad y el mantenimiento, tal vez apenas se refiriera a la continuidad de una deplorable chapuza.