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EDITORIAL

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La desesperación que domina a Pdvsa se refleja en sus actuaciones más recientes. Según despachos de prensa vendió al banco de inversiones Goldman Sachs las acreencias que tenía de la República Dominicana por menos de la mitad de su valor. En efecto, las obligaciones dominicanas por un monto de 4.090 millones dólares fueron liquidadas por 1.700 millones de dólares.

Tal endeudamiento resulta del mecanismo de suministro de petróleo, en el marco de Petrocaribe, según el cual el país receptor sólo debe pagar parte de la factura y el resto se convierte en deuda a largo plazo.

En el caso de la República Dominicana, el pago ha sido la mitad de los 8.200 millones de dólares suministrados desde el año 2005, por lo que el resto representaba una deuda de ese país con la empresa petrolera estatal venezolana.

La negociación significa que Pdvsa dejará de percibir 2.300 millones de dólares. Esto es, 59% de lo que se le debía. En compensación obtiene los recursos inmediatamente, lo que le permite reforzar su flujo de caja, cuyo que se ha agudizado en los últimos años debido al estancamiento de la producción, al despilfarro y al desvío de recursos para fines distintos a los objetivos para los que fue creada.

Mientras los precios del petróleo se mantuvieron al alza y alcanzaron niveles sin precedentes ese mal manejo de nuestra principal empresa se pudo disimular, al menos para los ojos de los no entendidos en la materia. Pero desde que los precios comenzaron a bajar de forma acelerada, la situación calamitosa se hizo evidente y se tornó financieramente desesperada.

Por ello la gerencia ha recurrido a la liquidación de sus activos, aunque ello represente una pérdida considerable. Se comenta que también se mantienen conversaciones con el mismo banco de inversiones para venderle la deuda petrolera acumulada de Jamaica.

La desesperación de los administradores del negocio petrolero se ha exacerbado por la negativa de los países de la Organización de Países Exportadores de Petróleo a reducir la cantidad de petróleo producido, con el objeto de apuntalar los precios, propuesta que el canciller Ramírez llevó a varios países, miembros y no miembros de esa organización, y que fue rechazada.

Antes, cuando Ramírez todavía era presidente de Pdvsa y ministro de energía y petróleo, se habló de la venta de Citgo, importante empresa propiedad de Pdvsa basada en Estados Unidos. Aunque el gobierno nacional desestimó tan grave desinversión, en los medios financieros internacionales se comenta que aun se oyen ofertas.

El desmantelamiento de la industria petrolera mediante la venta de sus activos financieros y reales es producto del manejo irresponsable y la politización de la misma. Empezó con el despido de los técnicos petroleros venezolanos que había costado décadas formar; siguió con el descuido de los planes de inversión y mantenimiento; y continuó con un creciente endeudamiento que agotó su capacidad de pedir prestado. Hoy se está subastando lo que tenga valor para detener el camino hacia la quiebra.