• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

Al instante

Tiros en la OEA

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Es fácil atribuirle a una figura moralmente autorizada una cita mordaz o una sentencia amenazadora; pocos se molestarán en verificar la certidumbre de la autoría, sobre todo si quien ha citado al prohombre es, por ejemplo, un embajador que, por su oficio, maneja las artes de la socarronería y sabe cuándo y cómo poner en boca de terceros lo que piensa, pero que no le conviene decir.

Pero, como la diplomacia -según frase que suele endosarse a Napoleón Bonaparte-, “es la policía vestida de etiqueta”, no debe extrañarnos que, de repente, quien detenta un cargo en el exterior saque del closet sus modales de sapo refinado y encienda el ventilador para arrojar inmundicias contra presuntos enemigos no de su patria, sino del gobierno que le echa de comer.

Es el caso de un altanero y snob enchufado, desde siempre, a la Casa Amarilla, que todavía no ha logrado enseñarle a los mandamases (a quienes asesora en materia de maneras mundanas y protocolo social) que no se debe levantar el meñique para apurar el té, el café o lo que sea que sirvan en tazas, y se jacta de servir al país cuando lo que ha hecho toda su vida es vivir del Estado, sin importarle quién tenga la sartén por el mango.

Ese frívolo y engreído bon vivant a costillas del Estado, que espera su jubilación para dedicarse a vestir las imágenes de san Hugo Magno de Sabaneta y evocar algún baño turco londinense o los washingtonianos cerezos en flor y los distendidos ambientes del Town Dance boutique y el Ziegfield's/Secrets, presa de un ataque de histeria, soltó una nauseabunda deposición oral contra la oposición venezolana que ha encrespado hasta a quienes no tienen vela en el rezagado pero inexorable entierro del socialismo del siglo XXI, y ha puesto de bulto su faceta de irrespetuoso matón de la peor calaña.

Dijo el arrogante plenipotenciario -y citamos in extenso para que no se nos acuse de descontextualizar declaraciones- que “los francotiradores apuntan a la cabeza, pero llega un momento en que una cabeza escuálida no se diferencia de una cabeza chavista, salvo en el contenido. El sonido que produce una cabeza escuálida es mucho menor, es como un chasquido, porque la bóveda craneana es hueca y pasa rápido. Pero eso se sabe después de que pasa el proyectil”.

Como chiste es una abominable ordinariez digna de ser reseñada en esa cloaca máxima que es VTV. Y, por más que intente remendar el capote, alegando que ha sido malinterpretado y que su humor negro (más bien marrón excrementicio) fue incomprendido, la verdad es que su bajeza es imperdonable, así que señor mío, vea usted que hace con sus disculpas, si es que en su retorcido magín alberga intenciones de presentarlas.

O hágale caso al coronel que le escribe y asista a audiencias públicas en Washington, como representante del régimen, y trate de defender su causa y su caso, objetos de severos cuestionamientos por parte de la opinión pública internacional.