• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Tibisay y sus dos jefes

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La señora Tibisay se dignó por fin, luego de tantos ruegos, a dedicar unos pocos minutos a los venezolanos que, vale la pena recordar, con la cancelación de sus impuestos le pagan a esa funcionaria su “sueldito” y otras menudencias en forma de bonos especiales y aumentos y, de vez en cuando, unos robustos viáticos para sus viajecitos al exterior.

El tema viene a cuento porque la señora Tibisay considera que ella no tiene por qué rendirle cuenta a nadie sino cuando le viene en gana y no cuando los ciudadanos se sienten interesados en escuchar de la rectora presidente del CNE explicaciones urgentes e inmediatas sobre cuestiones que pueden cambiar el rumbo del país.

De forma que se ha tomado su tiempo para responder a los clamores populares y, para colmo, cuando todos esperaban un informe convincente y razonado sobre el proceso del revocatorio, la señora salió al ruedo como si le hubieran dado un tetero de ají picante, a regañar y acusar indebidamente a quienes no son sus subordinados sino todo lo contrario, sus mandatarios y auditores de su tambaleante y mediocre ejercicio en ese importante cargo que, en mala hora, le asignaron para que terminara de hundirse más de lo que ya está.

A la señora Tibisay le parece que debido a su alto puesto debe gozar de una especie de “chaleco anticríticas”, una inmunidad diplomática para que nadie la toque o miente su nombre de viva voz en la calle, o un refugio antiguerra nuclear para ella solita. ¿Acaso olvida que ella forma parte de este parapeto tercermundista que llamamos democracia y que consagra el derecho a la crítica para los ciudadanos?.

La desesperación no es lo más conveniente para vencer ciertas enfermedades, sino la transparencia armoniosa de sus buenos sentimientos, y, a la vez, el alejamiento de los odios y venganzas que anidan en los chavistas radicales. Si tanto le molesta la diatriba política y la discusión fuerte, armada y cobarde de sus conmilitones rojitos, pues apártese del poder que tanto le envenena la vida. Es la hora de que se ocupe de usted, de su salud y de su felicidad como cualquier ser humano. Acepte este consejo de buena fe.

A usted, señora Tibisay, le deben preocupar las garantías y los derechos políticos de “aquellas personas que están pidiendo la activación de la solicitud de un mecanismo constitucional”. Pues bien, hasta ahora usted se ha hecho la vista gorda ante las amenazas, los atropellos y las miserables actuaciones públicas que militantes y militares rojitos han lanzado contra aquellos funcionarios públicos que firmaron por el revocatorio.

Los van a despedir y van a perder su derecho al trabajo por apoyar un procedimiento electoral que está en la Constitución. Usted sabe que esa amenaza es un delito pero no ha abierto su boca para decir ni pío. Ese silencio suyo la convierte en cómplice de esta salvajada que el gobierno de Maduro y el capitán Cabello anuncian a voz en cuello por los canales de la televisión oficiales, donde Cabello tiene un esperpéntico espacio que, casi seguramente, no paga por su uso.