• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Tarde de perros

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Hace años, cuando era lícito publicitar cigarrillos, la marca del dromedario se anunciaba con efectos de sonido evocadores de trenes, aviones y vapores, como la preferida de los fumadores en tierra, aire y mar; nos viene a la mente esa cuña porque, en Venezuela, puede decirse que la inseguridad, vuela, camina y navega a placer en todo el territorio nacional, incluyendo, por lo visto, su plataforma continental.

Así, al menos, ha quedado confirmado con el desembarco de hombres fuertemente armados que fueron capaces de someter y robar a unas 300 personas en Arapito, a escasos 15 kilómetros de Puerto La Cruz, en el estado Anzoátegui. El insólito acto de piratería fue perpetrado por 7 hombres con caras ocultas por pasamontañas y que portaban fusiles de guerra que, a bordo de un peñero, llegaron a esa playa -del Parque Nacional Mochima- en horas del mediodía del pasado viernes y, durante casi una hora, mantuvieron aterrorizados a temporadistas y lugareños.

Disparando al aire y amenazado de muerte a sus víctimas si no se calmaban, estos forajidos, de acuerdo con versiones más o menos oficiales, eran comandados por un tal Cuquín, vecino de Playa Colorada, identificado por uno de los aún perplejos bañistas. De ser así, debemos inferir que el presunto y sus compinches hacen lo que se les antoja en la comarca de Aristóbulo. Y, entonces, surge una interrogante: si se sabe de antisociales con recursos para llevar a cabo un despojo planificado con precisión de relojería, ¿por qué no había -no hay- vigilancia en las zonas susceptibles de ser atacadas por bandas organizadas y colectivos armados?

Una de las personas desplumadas declaró a los periodistas que los asaltantes “además de huir con dinero, relojes, teléfonos y hasta las llaves y documentos de propiedad de los vehículos de los turistas y comerciantes, también se llevaron un perrito de raza que le quitaron de las manos a una niña”.

Cabe, pues, otra pregunta, más bien disgresiva: ¿se ocupará Tarek William de ese caniche como lo hizo con Kamila, la terrier schnauzer extraviada hace un par de días en el aeropuerto Simón Bolívar de Maiquetía? Si lo hace, bien podríamos decir de él que será un buen defensor del perro.

Volviendo a la playa de Arapito, son muchas las incógnitas que concita el rocambolesco atraco marino, sobre todo teniendo en cuenta que (es de dominio público) en la zona son más que habituales los robos de yates y lanchas.

El bote Jakera, que así se llamaba la nave de los filibusteros, fue seguramente tomado en préstamo por estos amigos de lo ajeno. Tal vez por eso no pudieron encender su motor para darse a la fuga, por lo que despojaron de su embarcación a un pescador de la localidad.

Sí, son muchas las cuestiones sin respuesta, entre ellas la de ¿por qué no hay patrullaje costero en reservas naturales como Mochima?; o, ¿cómo es que cada vez que ocurre un hecho semejante, las autoridades se abocan a lamentar lo que han debido prevenir?