• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Taladro contra Ramírez
Sacudón petrolero

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El sacudón que se había anunciando como un cambio de rumbo en las políticas gubernamentales resultó ser una serie de desplazamientos burocráticos entre los mismos personajes del comando cívico militar que han detentado el poder desde la muerte de Hugo Chávez. En la muy larga alocución presidencial transmitida por cadena nacional, sobre la cual se habían despertado grandes expectativas, no hubo ni un sólo anuncio de políticas para enfrentar el caos económico y de seguridad que padece Venezuela. Fue un ajuste de cuentas entre los miembros de dicho comando, destinado a disfrazar el vacío de liderazgo en la conducción de los asuntos públicos.

Lo más destacable resultó ser la salida de Rafael Ramírez de su posición de presidente de Pdvsa, ministro de Petróleo y Minería y vicepresidente del Área Económica, y su nombramiento como vicepresidente de Seguridad Política y canciller de la república. Lo reemplazan el general que fue ratificado en Economía y Finanzas y dos destacados burócratas de la empresa petrolera que ayudaron a Ramírez en su gestión. No hubo mención de las nuevas políticas económicas y petroleras que este último había anunciado a los banqueros internacionales.

La movida de mata, que resultó ser sólo un cambio de rama, probablemente no figurará en los anales que compila Aníbal Martínez en su excelente libro Cronología del petróleo venezolano, porque la decadencia de la producción, los bajos precios de la gasolina y el despilfarro nacional e internacional de los recursos serán los mismos.

Pero por alguna razón los comentaristas se han centrado en ese cambio. Podría ser porque la prepotencia atiplada y la adulancia que exhibió Ramírez en su paso por la industria sean más adecuadas para los pasillos diplomáticos. O porque el balance de su breve gestión en el área económica sólo se pueda recordar porque se duplicó el precio del dólar paralelo, se dejaron de publicar las impresentables cifras de escasez e inflación y se generalizó el descontento.

Se debe rescatar, sin embargo, el hecho positivo de haber separado los cargos de presidente de Pdvsa y ministro de Petróleo y Minería. Porque desde la nacionalización de la industria petrolera en 1976 la función del ministerio era servir de contralor de las operaciones de la industria. Ahora, por lo menos formalmente, no será la misma persona quien se pague y dé el vuelto. Algo es algo.

Del resto, el presidente de la república evitó pronunciarse sobre la situación que vive el país y padecen los venezolanos. Nos repitió la cartilla insustancial que acostumbrábamos a oír en Aló, Presidente, sin darse por enterado del deterioro que sufre Venezuela en todos sus aspectos: económicos, sociales, financieros y de gobernabilidad. En el mejor de los mundos posibles los amigos, civiles y militares, se reparten los cargos entre ellos. Mientras tanto, importamos petróleo y no podemos procurarnos los bienes básicos para la subsistencia, bien sea porque no se encuentran o porque sus precios los hacen inalcanzables.