• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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La TV supervisada

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Por órdenes del presidente Maduro, la ministra del Poder Popular para la Comunicación e Información tiene ahora una tarea prioritaria. Debe llevar a cabo reuniones con los medios de comunicación audiovisuales, con el objeto de impedir las trasmisiones que perjudiquen la salud mental de la ciudadanía. Las televisoras, dijo presurosa la ministra Faría después de recibir las instrucciones de su patrón, ³deben ser un acompañante de toda la formación, la educación y recreación que nuestro gobierno bolivariano ha establecido en estos quince años².

La decisión alarma, debido a que ya los medios audiovisuales se han sometido a una minuciosa fiscalización por parte de Conatel, y han quedado sujetos a reglamentos que hacen un seguimiento minucioso de la programación y no vacilan en aplicar el alicate a través de multas, reconvenciones y suspensiones. Nadie sabe exactamente de qué se trata cuando el régimen busca ahora que se acompañe lo que entiende por adecuada formación, educación y recreación de la ciudadanía, aparte de lo que cada cierto tiempo determina la voluntad de los mandones, pero ahora se vuelve con una cantinela capaz de conducir a un mayor cercenamiento de la libertad de expresión y de la creatividad.

En la sede de Comisión Nacional de Telecomunicaciones se llevó a cabo una primera reunión de la ministra Faría con los propietarios de los medios privados, sin que se llegara todavía a precisiones en torno a lo que pretende el presidente Maduro con esta nueva tentativa de fiscalización. No se pasó de las generalidades.

No se trató el caso particular de los programas que actualmente circulan en la pantalla chica. No hubo acusaciones concretas contra las emisiones ni quejas capaces de provocar cambios en las transmisiones que vemos a diario.

Simplemente se hizo un acercamiento, una primera cercanía benévola que permite que la nueva funcionaria se presente ante las figuras de un oficio que le compete y sobre el cual tiene amplia potestad. Nada más, por ahora.

Los representantes de los canales salieron tranquilos de la reunión. Todo estuvo bien, sin amenazas ni requerimientos capaces de producir alarma, afirmaron. Todo fue miel sobre hojuelas, dijeron, tal vez para no meterse a valentones antes de tiempo, para curarse en salud, para no adelantarse a lo que puede ser el anuncio de un control más férreo de lo que hacen en las televisoras privadas.

Pero la reunión provoca prevenciones, en atención a cómo se ha ocupado el régimen de los medios audiovisuales hasta la fecha. Si no los compra, los multa. Si les parecen atrevidos, los cierra. Si los sienten incómodos, realizan operaciones de descrédito que no dejan hueso sano. Partiendo de esos antecedentes, no se puede mirar con ojos apacibles la reunión aparentemente amable y llena de cordialidad, que hizo la ministra Faría con los representantes de los medios audiovisuales. Puede ser el anuncio, debidamente disfrazado, de una nueva arremetida contra la libertad de expresión.