• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Sorpresas en la OEA

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Ya la política en América no es lo que era antes, una cuestión seria y antipática, pero en todo caso predecible. Pero hoy los términos en boga no son distinguibles al vuelo y mucho menos salen de las páginas de un sesudo libro escrito por un veterano profesor que, antes de retirarse, decide colocar las cosas en su sitio.

Quienes se asombraron con la aproximación entre el gobierno de Barack Obama y la dictadura de los hermanos Castro en Cuba, un hecho que sólo era algo lejano y que, en el mejor de los casos, no iba a estar a punto en este año, pues se han quedado con los crespos (o los Castros) hechos, ya que no solo se reanudaron las relaciones diplomáticas sino que Obama dejó a la mitad del mundo con la boca abierta al viajar a Cuba y dejarse ver como si fuera un turista más que va a la playa de Varadero.

Desde luego no fue tan fácil y ni tan frívolo porque lo que estaba sobre el tapete no era un fin de semana feliz sino el final de una era trágica y violenta, que había convertido a las llanuras y las montañas de América Latina en campos de batalla que aún hoy, cuando estamos en su declive guerrero inevitable, no deja de sembrar muertos en Colombia, sin ir muy lejos. No estamos ante las cenizas apagadas de una batalla que ha durado demasiado, ni ante la rendición de las guerrillas envejecidas, ni mucho menos ante el funeral del militarismo derechista y corrupto que hoy campea en Venezuela regando sangre y sembrando hambre donde antes hubo abundancia y futuros por doquier.

Pero como si la historia y la política en esta parte del mundo siguieran asentadas sobre una falla tectónica, donde siempre surge un fenómeno inesperado que estalla en forma de incertidumbre, ayer nos enteramos de una reunión que no estaba en la agenda de nuestras modestas mentes y mucho menos en las de los analistas que van apuntando los quiebres y avances de los acontecimientos propios de la política internacional y de los secretos que viajan en los relucientes maletines de los diplomáticos. 

De acuerdo con lo trasmitido ayer por las agencias internacionales de noticias, Estados Unidos y Venezuela “dialogaron sobre la convocatoria de un referendo revocatorio al presidente Nicolás Maduro”. Vaya notición, no porque el tema no esté girando como un “dron” estadounidense en Irak o Afganistán sobre nuestras cabezas, sino por la naturaleza de los participantes en el encuentro. Nada menos que el secretario de Estado, el canoso y larguirucho John Kerry, veteranísimo en el arte de desatar cualquier nudo gordiano, y la canciller de Nicolás Maduro, experta en rebuznar y de paso insultar a cualquier ser u objeto que esté a su lado, ya sea un gato, un árbol o un semáforo en Nueva York.

Lo cierto es que algo sucedió camino al foro porque Kerry no salió del encuentro con cara de regañado sino que, para sorpresa de todos, anunció que Washington “no estaba buscando sancionar a Maduro” y que tampoco pediría “la suspensión de Venezuela de la OEA porque no creemos que sea una medida constructiva”. ¡Ay!