• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Leopoldo y Obama

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Como ya es costumbre, paralelamente a la reunión anual de la Organización de las Naciones Unidas se desarrollan las actividades de la Clinton Global Iniciative, un foro que suele concitar mayor interés que la Asamblea General, en el que los jefes de Estado cuentan apenas con cinco minutos cada uno para exponer la posición de sus países ante determinado tema, el clima en este caso.

Fue durante este evento organizado por el expresidente Bill Clinton, y con el argumento de que la sociedad civil es esencial para mover la rueda de la libertad, que el mandatario Barak Obama manifestó su solidaridad con Leopoldo López, quien a su entender merece estar libre, como también Pierre-Claver Mbonimpa, de Burundi; Ahmed Maher, de Egipto; Liu Xiaobo e Ilham Tohti, de China; y Father Ly, de Vietnam, entre otros dirigentes que permanecen en prisión por el solo hecho de exigir a sus respectivos gobiernos que sean respetuosos de los derechos humanos.

El espaldarazo de Obama, que internacionalmente mucho significa, se convierte también en un peligro para el exalcalde de Chacao porque proporciona argumentos al gobierno para afirmar que el "imperialismo yanqui", ese comodín retórico culpable de todos los fracasos gubernamentales, estaría, a través de la CIA, el Departamento de Estado y, tal vez, la Comisión Trilateral y el Grupo Bilderberg, no solo financiando las actividades del enemigo público N° 1 del régimen, sino entrometiéndose en los asuntos internos del país.

Una acusación, puede jurarlo el lector, que contagiará a la plana mayor del PSUV y a los más altos funcionarios de la administración roja para seguir presionando a fiscales y magistrados para condenar a López, porque así lo quiere la cofradía militar enseñoreada en el poder. Ese objetivo explica la enorme asimetría de un proceso en el cual la defensa está impedida de presentar testigos, mientras la Fiscalía los convoca a montones, debidamente aleccionados.

Llevar adelante un juicio con tales disparidades y desproporciones solo es posible cuando se deja de lado la separación de poderes para supeditar las acciones judiciales a los intereses y caprichos del Ejecutivo. Es lo que desafortunadamente sucede en esta nación a la que se ha llegado al colmo de administrar la justicia con los mismos parámetros y criterios con que un sastre o un peluquero satisfacen los deseos de sus clientes: justicia a la medida.

En este sentido, la posición del mandatario estadounidense podría contribuir a llamar la atención del mundo democrático para que mire al país con el cristal de la objetividad y promueva iniciativas, no tanto a favor de las personas arbitrariamente encarceladas por motivos políticos, sino ante todo para el restablecimiento del Estado de Derecho.

Este espaldarazo de Obama al líder venezolano será calificado de "intromisión en los asuntos internos de Venezuela", mientras la arenga de Maduro pidiendo la liberación de los tres cubanos espías encarcelados en Estados Unidos no es más que "un acto de moral revolucionaria".