• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Solidaridad en Praga

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La República Checa -o simplemente Chequia, como se le denomina en español y en la Unión Europea- después de la llamada Revolución de Terciopelo (antecedente del también aterciopelado divorcio que la separaría de Eslovaquia) es en la actualidad ineludible referente para el estudio, análisis y comprensión de los procesos de transición entre autoritarismos y democracia, con énfasis en las cuestiones que atañen a la lucha por el respeto a los derechos humanos.

Ello es así gracias a la visión de Vaclav Havel, un dramaturgo que se hizo presidente cuando las muy difíciles circunstancias que vivía su país le hicieron cambiar las tablas por el escenario político, donde se desenvolvió a la altura de lo que era, un intelectual íntegro y un demócrata cabal.

Havel, en colaboración con Elie Wiesel (escritor húngaro de origen rumano y  sobreviviente de los campos de concentración nazis, galardonado con el premio Nobel de la Paz en 1986) y el japonés Yohei Sasakawa (pionero en labores de interés público desde el sector privado que preside la Nippon Foundation) dio vida a lo que se conoce como Forum 2000, un relevante evento internacional en el que, anualmente, se dan cita personalidades de todo el mundo para debatir los siempre vigentes temas inherentes a la libertad y la democracia.

Por estos días tiene lugar, en la hermosa ciudad de Praga y con el lema "Democracia y educación", la XIX edición del prestigioso encuentro, al cual han acudido Lilian Tintori y Mitzy Capriles para exponer el caso de la brutal condena contra Leopoldo López, la primera, y la prisión arbitraria y sin fecha prevista para ponerle fin de Antonio Ledezma, la segunda; y la conversión del Poder Judicial en paredón de la disidencia, ambas.

Preocupación y solidaridad encontraron esas luchadoras que han devenido en voceras de los perseguidos políticos de Venezuela, motivadas no solo por el acoso a que han sido sometidos sus consortes, sino por una situación que afecta ya a un centenar de detenidos por el delito de hacerse notar desde la acera opositora.

Y no podía ser de otra manera: lo que está ocurriendo en el país está sacudiendo la conciencia democrática del mundo civilizado, tal como se puede constatar en las páginas de los más prestigiosos medios impresos del planeta.

El País ha dedicado un significativo centimetraje al paródico juicio y la obscena sentencia que condenó a López a casi 14 años de cárcel; en The New York Times se pudo leer (13 de septiembre): "El sistema judicial en Venezuela ha estado, durante mucho tiempo, al servicio de su gobierno autoritario, que ha crecido cada vez más en sus esfuerzos para marginar a la oposición a medida que la confianza en el presidente Nicolás Maduro se ha desplomado".

En análoga reacción, la prestigiosa revista inglesa The Economist sugiere que  el papa Francisco se pronuncie sobre el tema. No están solas esas valerosas mujeres. Los demócratas del mundo entero apoyan una causa fundada en la razón. Y la razón, al final, se impone.