• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Socios al desnudo

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En sus visitas a Uruguay, Argentina y Brasil el presidente Nicolás Maduro proyectó lo que ha sido hasta ahora su desempeño en el país: seguir en campaña en busca de reconocimiento e inmunidad. Lo hizo por las mismas tres vías que aplica puertas adentro: simulando que cumple los compromisos hechos con Unasur el 19 de abril, en medio de su incesante descalificación de por lo menos medio país, y con una estrategia cada vez menos factible y más grotesca de seguir repartiendo beneficios.

Tan o más grave que la negativa a una auditoría electoral real ha sido el notorio acoso gubernamental a la dirigencia y los seguidores de la oposición, todo lo contrario a la palabra empeñada de “contribuir a preservar un clima de tolerancia en beneficio de todo el pueblo venezolano” que quedó registrada en la declaración de abril.

Los encuentros con José Mujica, Cristina Kirchner y Dilma Rousseff se han producido cuando están muy frescas las imágenes de la prohibición de derechos de palabra y la golpiza a parlamentarios de la oposición ante el silencio complaciente de la directiva oficialista. No faltaron las más groseras contradicciones. En Brasilia, Maduro dijo ante movimientos sociales: “Ha rebrotado en Venezuela una derecha facistoide, llena de odio y xenofobia”; al día siguiente, al lado de Rousseff, aseguró: “Estamos construyendo un gobierno para todos, para los que votaron por nosotros y para los que no”.

La arremetida antidemocrática del régimen es cada vez menos disimulable. Y junto con ella, al desnudo, van quedando los presidentes que con sus evasivas y silencios la toleran y alientan.
Pero lo que parece hacer nula o muy poca mella en los presidentes o, si, la hace, se expresa en términos tan ambivalentes que alientan los abusos, sí que está haciendo mella en otras instancias de gobierno y actores políticos de esos y otros países. En ellos se ha recibido con el debido respeto y atención a parlamentarios de la Mesa de la Unidad.

Ya no solo se trata de que se haya pensado en convocar una reunión de jefes de Estado de la Unasur para evaluar la situación venezolana. La solicitud de diputados del parlamento del Mercosur, sin las cortapisas del grotesco disimulo en que ha devenido la diplomacia presidencial, es otra señal muy importante.

Los diputados recuerdan en su petición de una sesión especial que ese esquema de integración tiene un protocolo democrático, el Protocolo de Ushuaia, y que es necesario examinar “la preocupante situación derivada del reciente proceso electoral, la golpiza sufrida por diputados opositores al régimen gobernante, la persecución a los medios de prensa críticos y las denuncias de severas violaciones a los derechos humanos”.

Los parlamentarios democráticos venezolanos han dado la voz de alerta: más de un gobierno va quedando desnudo y los adornos oportunistas hacen más visible la precariedad de los compromisos presidenciales con los derechos humanos y las prácticas democráticas.