• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Sinvergüenzas internacionales

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Obama no nos hace ningún favor cuando expresa su preocupación por lo que sufre nuestra desdichada nación. Tampoco al perseguir a delincuentes de cuello rojo rojito que han expoliado el tesoro nacional y que, además, mueven los hilos de un multimillonario comercio de sustancias ilegales, por lo que deberían ser sancionados.

No nos beneficia en absoluto, porque el monopolio mediático oficial se encarga de manipular la información y presentar a un gobierno forajido como víctima de apetencias imperiales, con la supuesta complicidad de un grupito militar, cuya existencia niega Padrino, a pesar, o por eso, de que es vox populi.

Al declarar sobre “los peligros” que entrañan los últimos señalamientos de Obama, el ministro pasa por alto que Venezuela es arte y parte de una inescrupulosa estructura supranacional, en la que se pactan inmorales transacciones, que nada tienen que ver con esa integridad latinoamericana aludida por el general en un alegato que, si a ver vamos, no es sino un “sepan ustedes, señores de la oposición, que estamos resteados con Maduro…”

En un artículo aparecido en El País, España, Bernard Henri-Lévy inscribe a Donald Trump, junto a Berlusconi, Putin y Le Pen, en lo que llama “internacional de la vulgaridad y la ostentación”; mutatis mutandis, podríamos afirmar que en este lado del mundo se ha gestado otra internacional –no ya tan ostentosa porque se acabaron los reales–, pero sí extremadamente corrupta: la internacional populista gestada por Chávez, inspirado por Fidel, echando mano de una esquizofrénica combinación de retórica antiimperialista y apetitosos dólares muy gringos. En el fondo, una internacional de sinvergüenzas que ya no se ocupan siquiera de guardar las formas.

Ahí está Lula Da Silva embarrado por la corrupción hasta los mismísimos tequeteques y arrastrando consigo a la Rousseff, que ha tenido la desfachatez de nombrarlo Ministro de la Casa Civil, cargo que podría exonerarle de un juicio –si un juez no le hubiese dicho ¡míquiti!–, que no pinta nada bien para un individuo tan arrogante que responde a los procedimientos judiciales en su contra con la amenaza de postularse para la presidencia.

También Evo Morales da que hablar: convertido en personaje de culebrón, con hijos clandestinos que recuerdan El derecho de nacer, no ha podido ocultar un feroz pillaje, basado en los narco negocios y tráfico de influencias, que pone de bulto la podredumbre de su partido y de sus hombres de confianza.

¿Y qué decir de Cristina Kirchner? Allí están los tribunales argentinos dando caza a sus más cercanos colaboradores, una banda gansteril enriquecida mediante el peculado e involucrada en toda suerte de ilícitos.

Estamos ante una internacional de caraduras a los que, a pesar de las trabas, algunos jueces honestos se niegan a conceder el beneficio de la impunidad. En eso, Maduro aventaja a sus aliados. Aquí, el TSJ es subsidiario del Ejecutivo y actúa de espaldas a la Carta Magna. ¿No representa eso un peligro, mi general?