• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

Al instante

Silencio diplomático

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

La incoherencia y la impunidad en materia de política exterior que rige en la república bolivariana queda por demás evidenciada en la recién aprobada nueva Ley del Servicio Exterior de Venezuela.

Como si el control arbitrario de las instituciones no fuera suficiente para proteger los grandes escándalos de corrupción a escala nacional, el Gobierno ha querido silenciar también todo tipo de información o documentación que pueda comprometer o evidenciar las trapisondas de los altos funcionarios en sus frecuentes viajes al exterior para firmar acuerdos con regímenes extranjeros que, a la luz de la ética y la verdad, atentan contra la soberanía de la república.

Una muestra de esa falta de ética la vislumbramos claramente en el artículo 21 de la novísima Ley de Servicio Exterior que establece, de forma imperativa, que los funcionarios de la Cancillería quedaran impedidos de revelar información (aunque sea sospechosamente delictiva o dañina para los intereses de la nación) sobre la cual hayan tenido conocimiento durante su ejercicio profesional. De hecho, deben guardar estricto silencio hasta 30 años después de que cese la relación laboral.

Quien rompa su silencio e incurra en ese delito será considerado un traidor a la patria. En otras palabras, los legisladores incluyeron una férrea cláusula de confidencialidad al personal del servicio exterior. Pero ¿con qué intenciones lo han hecho? No será, desde luego, para proteger al ciudadano común sino a los altos funcionarios que tienen mucho qué esconder en materia de corrupción y puñaladas burocráticas a la soberanía nacional.

Por otra parte, si el Gobierno de Venezuela impone semejante obligación de confidencialidad de ahora en adelante a los diplomáticos venezolanos, deberían entonces explicarnos por qué Estados Unidos no tiene derecho de exigir a Rusia al espía disidente Snowden, que precisamente lo que hizo fue violar los códigos de confidencialidad que le exigía su país y que él mismo firmó y aceptó.

Los países del Alba disfrazan el tema argumentando el derecho al asilo y defienden a Snowden mientras que sus aliados venezolanos en la Asamblea Nacional aprueban una ley que acaba con el servicio diplomático de carrera y, como si fuera poco, deja a los actuales funcionarios con la marca de candidatos a traidores a la patria si filtran algunos de los mecanismos de corrupción del chavismo en decenas de países que se dicen amigos o aliados.

Exigen al mundo respeto y cada que vez que encuentran una oportunidad arremeten contra naciones que han demostrado su progresión en el respeto hacia los derechos humanos, la libertad, el Estado de Derecho y donde el progreso social de sus pueblo es evidente.

Las democracias occidentales conocen bien el juego del chavismo al enarbolar en falso las banderas democráticas que ellos violan permanentemente a través de las instituciones que controlan.