• Caracas (Venezuela)

Editorial

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Seguramente el título de este editorial traerá inevitablemente entre los lectores recuerdos crueles e ingratos ligados al terrorismo internacional palestino. Pero en realidad el tema que queremos tocar tiene que ver con la situación que se le aproxima a Venezuela a partir de mañana, cuando el mes de septiembre marca el inicio de un trimestre histórico para la refundación de la democracia en nuestro país.
Las expectativas son muy grandes y ambiciosas porque lo que se busca con las elecciones legislativas del 6 de diciembre no es el triunfo de un partido político sobre otro, o de un golpe de timón en el rumbo de la economía o, peor aún, un cambio en los figurones del gabinete y su reemplazo por burócratas menos corrompidos que los actuales. Ese simple maquillaje no está planteado ni siquiera en las bases del chavismo puro, que ya está asqueado de las trapisondas de sus dirigentes.
Lo que está sobre la mesa electoral es la urgente necesidad de imponer un cambio profundo entre los venezolanos de cualquier signo político, pero que estén profundamente comprometidos con llevar adelante varios objetivos comunes: el destierro del odio, la unión de todos los ciudadanos para reconstruir la economía y el país, el combate a fondo contra la inseguridad y la corrupción, el respeto de los derechos humanos y de una prensa libre de coerción oficialista, la libertad de los presos políticos y el regreso de los exiliados.
Estos objetivos sinceros y esperanzadores deben ser discutidos abiertamente y negociados con sinceridad y pragmatismo porque cualquier engaño o zancadilla decapitará el futuro de todos los venezolanos que hoy, entre el desespero y la amargura solo advierten en el horizonte sombras y peligros. Es tiempo entonces de rectificar y abrir la puerta a la convivencia y el respeto mutuo.
Desde luego que una propuesta como esta tiene muchos enemigos en todos los frentes y quienes actualmente se aprovechan del poder no soportan que regrese a Venezuela la tolerancia y la paz.
De manera que este mes de septiembre que mañana comienza trae en su seno numerosos peligros, ataques despiadados contra la oposición y contra aquellos chavistas que no acatan la línea oficial.
Los juicios amañados, las expropiaciones ilegales, las condenas públicas sin el debido proceso, la inaceptable prepotencia de la Fiscalía y la Contraloría, el boicot publicitario y, como si fuera poco, el uso de las fiscalizaciones arbitrarias sobre el pago de impuestos para cerrar fuentes de trabajo apelando a interpretaciones sesgadas de las leyes que regulan la recaudación.
Este septiembre será negro para los medios de comunicación y desde ya se conoce la ofensiva elaborada desde el poder para intervenir y cerrar definitivamente los pocos periódicos independientes como El Nacional, el semanario Tal Cual  y el portal La Patilla. Están desesperados y erráticos, temen que sus propios militantes descubran el grado de podredumbre que han sembrado a la sombra de la revolución.