• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Semana santa

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En estos días de guardar, cuando las pasiones y los enfrentamientos deben pasar a segundo plano y, más bien, dejar lugar a la fraternidad entre los seres humanos, pareciera que el mundo político venezolano no se diera por enterado de que la paz debe privar en esta semana tan sagrada. De lado y lado saltan los insultos y las descalificaciones, muy en especial de parte del oficialismo, que ha hecho de la bravuconería la marca personal de la campaña electoral, lo que se aúna, de manera irresponsable, al hecho de que a su líder máximo recientemente fallecido se le debe tratar como si fuera Jesucristo.

El cardenal Jorge Urosa Sabino ha sido muy claro en cuanto a esta cuestión de primordial importancia y que constituye para los católicos, no sólo venezolanos sino también latinoamericanos, una verdadera herejía. El cardenal Urosa dijo muy claramente a la opinión pública: “No se puede igualar a ningún héroe o líder humano o ningún gobernante con Jesucristo”. Y no le falta razón, porque usar en una campaña electoral a una persona con fines de ventajismo constituye no sólo un pecado sino una falta de escrúpulos que no tiene antecedentes en la historia moderna de Venezuela.

 De acuerdo con el máximo prelado de la Iglesia Católica de este país: “No podemos igualar la esfera sobrenatural y religiosa a la natural, terrenal y sociopolítica”. De manera que lo que está haciendo el Gobierno debe ser condenado no sólo porque ofende a una inmensa mayoría de los venezolanos que profesan la fe católica, sino porque pone al descubierto la falta de principios y el irrespeto ante la pasión y el sufrimiento de Jesús que se recuerda en Semana Santa.

Un despacho informativo de la agencia AFP, firmado por la corresponsal Lissy de Abreu, señala: “El presidente interino de Venezuela, Nicolás Maduro, ha llenado su discurso de referencias religiosas para reforzar la mitificación de la figura del fallecido presidente Hugo Chávez y pide el voto chavista para las presidenciales del 14 de abril como si se tratara de un acto de fe, según analistas”.

Más adelante, apunta que Maduro, “que se ha autoproclamado ‘apóstol’ de Chávez y hasta ha cerrado sus discursos con uno que otro amén, repite que el fallecido mandatario –a quien elevó a la categoría de ‘redentor’ de los pobres– le dejó el camino preparado para continuar su misión y ahora le guía desde el más allá”.

“Nosotros creemos cada vez más en los valores de Cristo", confesó Maduro –quien fue seguidor del gurú indio Sai Baba– en un acto con partidarios del oficialismo. “Que Dios bendiga a este pueblo, que Dios bendiga este rumbo hermoso del socialismo cristiano que tenemos en Venezuela. Invoquemos a Dios siempre, inclusive ustedes, camaradas del Partido Comunista”.

Bueno, no nos queda más que decir que en el PSUV lo que hay es una ensalada santa y no una Semana Santa, hermosa en su religiosidad, en la fe de los venezolanos y respetuosa del sacrificio y la pasión de Jesucristo.