• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Secretos médicos

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Ayer el Gobierno le sacó de nuevo el cuerpo al principal asunto que en este momento preocupa los ciudadanos, sean de cualquier signo político o religioso, les guste o no el socialismo del siglo XXI o vivan en Caracas, en Puerto Ordaz, Maracaibo o Margarita, estén en Venezuela o en el exterior, lo mismo da. Lo que los venezolanos exigen es un informe fidedigno sobre la salud del Presidente, y nada más.

Pero no hay forma ni manera: la cúpula gobernante sigue sin dar un parte médico científicamente respaldado en los informes de los especialistas que lo tratan, de los cirujanos que lo han intervenido en varias ocasiones ni mucho menos de los profesionales que se están ocupando de su recuperación postoperatoria.

Todo lo que el país sabe y medio conoce (incluso hasta los menospreciados militantes de base del PSUV a quienes tienen en el limbo) son noticias fragmentadas y gaseosas suministradas por el propio Presidente y eso cuando ya la realidad de los hechos había trascendido tanto a la opinión pública que resultaba imposible ocultar que el mandatario nacional no estaba bien y que, como cualquier ser humano, debía acudir a los médicos en busca de un tratamiento.

Pero la forma tradicional de actuar de los servicios secretos cubanos es ocultar todo lo que rodea a sus jefes y comandantes en cuestiones de problemas de salud. Esa manera de actuar la han traído al país con resultados contraproducentes pues aquí, a pesar de todos los esfuerzos de Miraflores, todavía existen resquicios por donde se cuela la libertad de expresión y los periodistas logran investigar, descubrir y poner de bulto triquiñuelas y mentiras cocinadas desde los laboratorios de desinformación del poder.

Pero lo más ridículo de todo esto es que los venezolanos en general no han demostrado otra cosa que la solidaridad inmediata que una persona gravemente enferma genera en los seres humanos, por lo que nadie entiende cuál es el miedo y el temor a informar a la nación de los subalternos que el comandante ha dejado encargados del poder.

Incluso aquellos que, en minoría, han estado haciendo gestos y declaraciones inadecuadas y fuera de lugar, y se aprovechan para descargar insultos, no han recibido ningún respaldo porque esa actitud no se compadece con la nobleza del venezolano.

De manera que ya no es posible retener o esconder la información pormenorizada sobre el estado de salud del Presidente de la República. Está mal, está luchando por su vida y está sometido a un duro proceso de restablecimiento que muchos venezolanos enfermos de cáncer conocen y han transitado junto a sus familias y amigos. ¿Qué es lo raro, lo extraordinario, lo extremadamente ofensivo que no se le puede decir al pueblo venezolano? El vicepresidente no debería seguir saliendo a balbucear partes médicos que sólo generan dudas e incertidumbres. Lo que se impone es que un grupo de médicos venezolanos le explique al país la gravedad del asunto.