• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Salud en retroceso

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El flagelo del paludismo se ensañó de tal manera con los venezolanos que, para 1936, se calculaba que 30% de la población –entonces unos 3 millones de almas– sufría del terrible mal causado por el protozoo Plasmodium y transmitido por picaduras de mosquitos del género Anopheles. Como respuesta a tan grave situación, el recién creado Ministerio de Sanidad y Asistencia Social instrumentó la División de Malariología y Saneamiento Ambiental, al frente de la cual estuvo, hasta 1950, el eminente médico, parasitólogo y entomólogo Arnoldo Gabaldón, emblemática y legendaria figura en la lucha contra la malaria que logró reducirla a su mínima expresión, al punto de que, para 1961, la Organización Panamericana de Salud declaró que Venezuela tenía 400.000 kilómetros cuadrados libres de paludismo.

La enfermedad que puede ocasionar daños en hígado, riñones, bazo y pulmones, ha reaparecido con inusitada furia a juzgar por las declaraciones del ex ministro de sanidad Félix Oletta, vocero de la red Defendamos la Epidemiología Nacional de la Sociedad de Salud Pública quien, al alertar sobre la millonaria cifra de víctimas del dengue hemorrágico, que no ha sido registrada por el Boletín Epidemiológico del Minpopo Salud, “destacó que las proyecciones respecto a la malaria señalan que el año cerrará con 90.000 casos, lo que hace retroceder al país al nivel que tenía hace 50 años”. Y estimó que si el año pasado el país tuvo 76.000 enfermos de paludismo –lo que no había sucedido en 30 años–, en 2014 “el viaje en el tiempo será más atrás”.

Sumemos a esos pavorosos indicadores los referentes al chikungunya o a un presunto brote de fiebre tifoidea, denunciado por el también ex titular de sanidad, Rafael Orihuela, que se habría producido entre soldados venezolanos que estuvieron destacados en Cuba y Haití, y estaremos no sólo ante un cuadro verdaderamente desolador, sino frente a una patente demostración del carácter involutivo de la singular revolución bolivariana. Hemos sido retrotraídos a etapas ya superadas; esas etapas de devastación por una implacable enfermedad que fue tema tratado en nuestra literatura por escritores de la talla de Rómulo Gallegos (Juan el veguero) y Miguel Otero Silva (Casas muertas).

Según el médico sanitarista Armando Sánchez, “en 15 años de revolución estamos por los 600.000 casos (superior a los registros de los 40 años anteriores) porque la falta de control deriva en el repunte de enfermedades que fueron combatidas y prácticamente aniquiladas en el pasado, incluyendo la malaria”.

Lo cierto es que el país carece de planes y programas que impidan la proliferación de epidemias y el resurgir de dolencias que se daban por erradicadas. No es de extrañar que se reporten casos de viruela, lepra, tuberculosis, Mal de Chagas o poliomielitis, prácticamente extinguidas en Venezuela; pero, ¿qué puede esperarse en un país que en tres lustros ha tenido 11 ministros de salud –tres en el presente año– de los cuales 4 fueron militares?