• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Salud destruida

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En la primera plana del diario Vea se lanza la acusación: “El Nacional y El Universal pretenden destruir sistema público de salud”. Es uno de los títulos más destacados de la edición del jueves 22 de agosto, tras el empeño de llamar la atención sobre lo que se supone sea una especie de plan para acabar con una obra fundamental de la revolución bolivariana. Lo que se ha hecho en las últimas décadas por la salud del pueblo está sometido a un ataque feroz de dos periódicos, cuyo propósito es la liquidación de los avances que en la materia se han logrado desde la llegada de Chávez al poder. De eso se trata, según el reportaje que, como aval del escandaloso título, pública el diario Vea en su página 16.
Pero, ¿cómo realiza El Nacional el atroz ataque, según el vocero oficioso del régimen? A través de una serie de denuncias sobre el sistema de servicios hospitalarios que dependen del Gobierno. El reportaje hace referencia a seis titulares de nuestro periódico, a través de los cuales se llama la atención sobre serias deficiencias en la atención de los pacientes que acuden a solicitar lo que el Gobierno tiene la obligación de dar en sus hospitales, en sus ambulatorios, en cualquiera de sus locales dispuestos para que la gente alivie y supere sus padecimientos físicos.
Esa es la manera que El Nacional ha usado para lo que en Vea se considera como una felonía, para lo que ellos describen como un crimen cometido contra la verdad reflejada en la “extraordinaria calidad” de las atenciones que la revolución bolivariana prodiga en sus establecimientos de salud.

Lo curioso del aludido reportaje radica en el hecho de que en ningún momento se detiene a desmentir lo que El Nacional ha publicado. No se atreve a afirmar que este diario ha mentido o ha exagerado. No descarta las afirmaciones del periódico ni las rebate cabalmente. Este diario se ha ocupado de hechos concretos, pero esos hechos concretos Vea los pasa por alto como si no constituyeran la médula del asunto, como si formaran parte de una malintencionada fantasía.

Vea los deja de lado a pesar de que los hechos tienen el tamaño de un elefante, mientras toma el camino habitual de acusar a un medio de comunicación de formar parte de un complot inconfesable. En esta ocasión El Nacional, dicen los rojos rojitos, se ha puesto de acuerdo con las clínicas privadas para llevar a cabo una campaña mediática. Mientras tanto, Vea anuncia medidas aún más severas de control en esos establecimientos privados que forman parte de la supuesta conjura urdida por un periodismo perverso y deshonesto.
El Nacional seguirá con su trabajo, sin temor ante las denuncias infundadas ni ante las interpretaciones tendenciosas y carentes de fundamento, buscando la verdad para hacerla del conocimiento público. De eso pueden tener seguridad los lectores, pero también quienes mienten, tergiversan y ocultan sin pudores las evidencias.