• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Saltador de talanqueras

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Santiago Cantón, a quien Chávez no sólo tenía ojeriza sino que hizo blanco de sus dardos más soeces para intentar, sin éxito, desacreditarlo, alegando que, cuando se desempeñaba como secretario general de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos era un agente de la CIA, es actualmente director ejecutivo del Robert F. Kennedy Center for Justice and Human Rights, es decir, es una voz autorizada en el continente para opinar sobre temas que al gobierno nacional le saben a soda, como el de las garantías ciudadanas consagradas en la Constitución y en la Carta Democrática Interamericana, de la cual Venezuela es signataria.

Con el conocimiento que el señor Cantón tiene de este perdonavidas irrespetuoso -al que no nombraremos para evitarle convulsiones al lector y llamaremos simplemente el P…irrespetuoso, para ahorrarnos unas cuantas letras cuando tengamos que volver sobre él- suscribe un artículo publicado el sábado 20 de marzo, en el matutino español El País (“La palabra asesina”), en el que reflexiona sobre la abominable declaración que, en el programa Zurda Konducta, profirió el embajador para descalificar a la oposición, quien “ni siquiera puede arrogarse el mérito de la autoría, ya que sus palabras son parte del discurso de odio del gobierno venezolano”.

Conoce muy bien Cantón a nuestro irrespetuoso P…; sabe que su comportamiento presente tiene raíces en un pasado: “Si bien, hoy es uno de los más conspicuos voceros del socialismo del siglo XXI, también ha sido un obsecuente servidor de todos los gobiernos venezolanos desde 1972. Iniciado en la democracia cristiana, ha representado a todos los presidentes que el chavismo ha acusado de ser la peor calaña política de Venezuela”; y, con sobrada razón, se pregunta si, en algún momento de sus 30 años al servicio de la oligarquía, pensó que quienes pagaban su sueldo iban a ser los enemigos que ahora odia con furia homicida, porque sí, señor P…, la rabia mata y sus palabras pueden incitar al asesinato si por su causa sesga la vida de quien no piensa como usted.

Pero dejémoslo de ese tamaño, por ahora, y pasemos a otras ominosas opiniones suyas, depuestas durante el acto de elección del nuevo secretario general de la OEA, en las que, irrespetuoso al fin al cabo, no sólo tuvo el atrevimiento de sostener que “la prensa colombiana es patológicamente antivenezolana” sino que, como si se estuviese refiriendo a alguna suerte de competencia de corte necrófilo, aseveró: “Nosotros (léase, el chavismo) tenemos muchos más muertos que la oposición”.

El P… irrespetuoso ha comenzado a desvariar, de modo obsesivo y monotemático, sobre muertes violentas, como si, azules, negras, blancas o incoloras las víctimas del hampa y la represión no fuesen todas bajas que lamentar ni tuviesen familiares que las lloren.

¿Demencia senil? ¿Andropausia? Sería bueno que se viese con un loquero porque su proceder no es precisamente el de una persona cuerda.