• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Rumores y redes

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El G2 cubano es experto en operaciones burdas, en maniobras que no se destacan por hilar fino: lanzan la piedra para ver cómo cae ante las víctimas, sin preocuparse de la preparación de un plan capaz de tapar las deficiencias del tiro. Es lo que han hecho en Cuba, ante un conglomerado tan habituado a los rumores burdos que nadie se sorprende por la calidad de la patraña que han echado a rodar. Pero, ¿por qué viene a cuento un comentario sobre el tema?

Debido a la ausencia de sutilezas, la bolada que se ha disparado alrededor de la desaparición de niños que después aparecen mutilados parece obra de esos descuidados agentes. Nada respalda semejante novedad, ninguna evidencia permite pensar con seriedad en lo que pudiera ser un gravísimo delito, pero la historia se desembucha de la manera más irresponsable tras un propósito oscuro.

Las autoridades desmienten de inmediato la insólita versión, apenas se maneja la prueba de una señora que mintió sobre el secuestro de uno de sus hijos, pero en breve aparece una ruidosa caravana de motorizados levantando la voz contra el atroz delito mientras una asociación civil les hace coro. La gravedad del runrún produce alarma en las redes sociales, como era de esperarse, sin que se sepa de otras reacciones capaces de llevar la situación a mayores.

Pero de pronto salta la liebre: alarmada por lo fue apenas lo que se ha descrito, la fiscal general, en un curioso exceso de responsabilidad, en una excesiva preocupación por la credulidad de la gente sencilla, propone la necesidad de regular las redes sociales. Meses atrás la honorable fiscal se había abstenido de actuar ante hechos que conmovieron a la opinión pública aduciendo que ella no iba a intervenir a partir de lo que publicaba la prensa.

Partiendo de lo que no es sino un hecho nimio, un pormenor aislado y sin mayor trascendencia, anuncia una operación de envergadura cuyo objeto no es otro que impedir que los usuarios de las redes sociales digan lo que sienten sobre los hechos que les incumben y sobre los cuales tienen el derecho de opinar, aún sin manejar los datos que se requieren para la traducción fiel de la realidad.

Hay que intervenir las redes sociales, dice la fiscal, hay que evitar la propagación de hablillas capaces de generar intranquilidad en la mente de los inocentes peces de la red, para evitar las ganancias de inescrupulosos pescadores que se producen cuando circula una noticia falsa como la referida a secuestros y mutilaciones de niños inocentes.

El régimen ha topado con el escollo de las redes sociales, que forman un universo que no ha podido penetrar para la imposición de una versión oficial de la realidad. Las redes sociales son el único espacio en el cual circula el pensamiento con toda libertad.

Cualquier excusa, por trivial que sea, por endeble que parezca, sirve para la penetración de una atmósfera en la cual circula todavía el oxígeno. Aún los motivos que, debido a su ordinariez, a la precariedad de su mecate, parecen hechura del G2 cubano.