• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

Al instante

Romper con Panamá

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

No es rutina nueva esta de la ruidosa ruptura y el congelamiento de relaciones, acompañada con descalificaciones a Jefes de Estado y castigo de las relaciones económicas, aunque las consecuencias las paguen también los venezolanos. Ya ocurrió con Colombia y si no ha sucedido con Estados Unidos es porque lo más perjudicado sería el bolsillo del gobierno, tan seco de divisas.

El gobierno panameño tuvo la osadía de insistir en la discusión de la situación venezolana en el Consejo Permanente de la OEA y de llevar una propuesta. Osadía, así consideró Venezuela la idea de debatir sobre una circunstancia por la que el vecindario tiene cada vez más razones para preocuparse, aunque tan poca iniciativa muestren los gobiernos para ocuparse. Por ahí está el fondo del problema, el que el gobierno de Panamá se atrevió a colocar sobre la mesa: que los pretextos se desgastan y la situación de Venezuela se complica día a día.

Romper con Panamá trae varios mensajes tanto para aquellos que alientan la escalada polarizadora y violenta como para quienes juegan al apaciguamiento.

En primer plano, queda a la vista el ofensivo irrespeto al que disiente y se atreve a proponer opciones, a discutir en un ambiente en el que hay unos principios y procedimientos a respetar, como es el caso de la OEA. También se reitera la negación de todo el que no sea incondicional y, por tanto, de cualquier iniciativa institucionalizada que se ofrezca para asistir en la procura de soluciones a los problemas de fondo. Y todo esto reafirma una disposición a aislar el ejercicio del poder de cualquier compromiso, obligación o responsabilidad contraída.

La suspensión de las negociaciones para el pago de la deuda con Panamá resume esos mensajes y añade otro. El gobierno venezolano ya no cuenta con la abundancia de divisas de las que tan libremente dispuso para abonar relaciones económicas, en cambio ha acumulado enormes deudas que han puesto en problemas a los acreedores. Y el caso es que esta se ha convertido en una terrible palanca que, con el peso de todos los mensajes de la ruptura, se mueve también contra la paz y prosperidad de Venezuela.

Panamá no está en la Unasur, tampoco algunos de los otros países que en la OEA fueron más asertivos en sus posiciones y propuestas. Ahora le toca a ese foro suramericano, al que, no por casualidad, tanto ha apostado el gobierno venezolano y sobre cuyas propuestas ha estado jugando en posición adelantada su presidente pro témpore, Rafael Correa.

En la ruptura con Panamá están presentes y visibles el pretexto y el problema. De un lado, el argumento del respeto al principio de no intervención con el que se cierra la puerta a todo lo que no sea alabanza y apoyo al gobierno, que se dice asediado por golpistas alentados por el enemigo exterior. Del otro, la humareda que se filtra al mundo y que hace cada vez más difícil ocultar la responsabilidad del gobierno en la escalada de violencia.