• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Rompecabezas

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Después de haber hundido la economía nacional en el caos, en parte por incapacidad y en parte por razones electorales, el gobierno intenta remendar el capote con medidas que sugiere, anuncia a medias y nunca acaba de adoptar. De tal manera que ha armado un terrible rompecabezas ante el cual le resulta imposible a cualquier agente económico racional planificar o decidir. Más grave aún: resulta que las propias autoridades parecen confundidas y sugieren posibles caminos que pudieran seguir, o lo contrario, cuyos contornos no logran definir.

Tal es el caso del precio de la gasolina. Por una parte afirman que es necesario aumentarlo, por otra convocan a un diálogo para determinar cómo, cuánto y cuándo se decreta. A la vez afirman que la decisión se encuentra exclusivamente en manos de Maduro.

Quizás se trate de un regalo de navidad o de una broma del día de los inocentes, pero el asunto se queda en declaraciones que van desde decir que el precio se mantendrá donde está desde hace 16 años hasta que aumentaría 20 o 30 veces. Mientras tanto, aconsejan que ahorremos combustible y consumamos de la gasolina más barata para que Pdvsa disminuya sus pérdidas.

Con respecto a la inflación la actitud ha sido simplemente no mencionarla o atribuirla a la especulación. Las rebajas forzosas de algunos productos durante noviembre fueron un ardid electorero, que sólo pudiera mantenerse si hubiera un policía honrado junto a cada negocio y se proveyeran las divisas subsidiadas suficientes para reponer inventarios.

Pasada la primera quincena de diciembre no se conocen todavía las cifras oficiales sobre los aumentos de precios y escasez de noviembre, habitualmente publicadas en los primeros 10 días del mes siguiente, las cuales probablemente han sido retenidas por pudor o por las dificultades metodológicas que crean las medidas arbitrarias recién mencionadas.

Peor aun es el caso de la tasa de cambio del bolívar. Se ha anunciado una reducción del valor de la moneda nacional de aproximadamente 75%, que según el inefable vicepresidente para el área económica no debe llamarse una devaluación, la cual se aplicaría a unos sectores que aún se desconoce, a un tipo de cambio que no se puede publicar hasta que se modifique la ley contra los ilícitos cambiarios, cuya modificación se prometió a comienzos de año y no termina de materializarse.

Lo único que se sabe con alguna certeza es que la decisión beneficiará a los inversionistas extranjeros del sector petrolero y entrampará a algunos turistas ingenuos que cambien sus divisas en las taquillas (que aun no existen) de los puertos de entrada o de los hoteles cinco estrellas.

Este rompecabezas atormenta a productores y consumidores que continúan padeciendo la inflación y la escasez y no saben qué depara el futuro. En un país sensato debiera costarle la cabeza a quienes lo han engendrado y ahora no saben cómo evitar sus nefastas consecuencias.