• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Revólver a la orden

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En junio de 2005, El Nacional publicó un editorial sobre un acontecimiento que llenó de dolor e indignación a los venezolanos. Tres estudiantes fueron asesinados con saña y a sangre fría "por funcionarios de la DIM y del Cicpc". Denunciamos en esa oportunidad que "una treintena de hombres fuertemente armados (varios de ellos subalternos del ministro de Interior y Justicia Jesse Chacón) arremetieron contra un grupo de jóvenes que venían de estudiar y, sin que mediara alguna provocación, prácticamente los fusilaron".

Todo esto viene al caso por los trágicos sucesos ocurridos el 4 de julio en Santa Ana de Coro, cuando resultaron muertas a tiros por integrantes de la Guardia Nacional Bolivariana la señora Luiminer Pacheco, subgerente del Banco del Tesoro, y su hija Mariela Gabriela Pérez Pacheco, "de 14 años de edad y estudiante de secundaria en el colegio Monseñor Castro".

De acuerdo con el parte oficial también resultaron heridas las jóvenes Berta Minerva Pérez, quien perdió el ojo derecho a causa de un disparo y Luiminer Pérez, que recibió un tiro rasante en el hombro. Según los testigos presenciales los miembros de la Guardia Nacional se comportaron como unos verdaderos salvajes y acribillaron a la familia Pacheco con ráfagas de armas de alto calibre, como si se tratara de un enfrentamiento con un enemigo en situación de guerra.

No se trata de una exageración periodística porque cuando se llevó a cabo la experticia del automóvil en el que viajaba la familia Pérez Pacheco se detectaron no menos de 50 orificios de bala, lo cual demuestra el grado de locura y ensañamiento con que actuó el grupo de la Guardia Nacional Bolivariana.

Que esto haya ocurrido sin que mediara una situación real de peligro o que los GN hubieran sido atacados aunque fuera con una botella vacía o una piedrita recogida en la calle, nos indica a los venezolanos que no sólo corremos el peligro de morir a manos del hampa desatada, o de los grupos paramilitares que patrullan en la zona del 23 de Enero, sino que al salir a la calle debemos protegernos también de la policía, la GN o de los miembros de las FAN.

Desde luego que este hecho no sólo merece un castigo ejemplar sino un tratamiento psiquiátrico a fondo y permanente de los funcionarios policiales, de los integrantes de la Guardia Nacional y ahora de los soldados que patrullan las ciudades porque hay que estar seguro de que quien porte armamento de alto poder destructivo no tenga un tornillo suelto.

Cuando la masacre del 27 de junio de 2005 en Macarao, en la que participaron la DIM, el Cicpc y Policaracas y fueron asesinados tres estudiantes de la Universidad Santa María y otros tres resultaron heridos, el ministro Chacón acusó a la prensa de armar un escándalo innecesario. Hoy, otro militar en funciones de gobierno, el general Rodríguez Torres, repite lo mismo: "Duele que hagan uso del dolor de una familia para hacer política".