• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Represión pura y madura

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En Venezuela, como tantas otras cosas, la represión marcha en dirección contraria a los delincuentes. Hoy la policía corre, a veces, tras los ladronzuelos; pero jamás persigue a los grandes ladrones que todos conocemos y que han llevado a este país a una lastimosa situación de hambre y miseria. Aquí los grandes ladrones tienen programas de televisión y se exhiben como los controladores de la moral y las buenas costumbres. Qué desgracia, basta con revisar la programación de los canales de televisión para darse el gustazo de admirar a los corruptos denunciando al imperialismo, a la gran burguesía y a la derecha como causantes de los grandes males de la nación.

Pero la farsa se acentúa en estos últimos tiempos cuando Nicolás siente que sus días se acortan inevitablemente, que la cuerdita de gobiernos vividores también se acerca a su fin y que de alguna manera marcan distancia con el madurismo como fase final y purulenta del chavismo.

Fase por supuesto extremadamente peligrosa para el mismo chavismo auténtico y la oposición democrática, pues la desesperación del anillo principal de civiles y militares que rodea a Maduro and family no ve otra salida para permanecer en el poder que la represión pura y dura, sin contención alguna ni respeto de los derechos humanos y los tratados internacionales que exigen un castigo claro y definitivo para quienes como Maduro creen que sus desafueros pasan inadvertidos.

Pues no señor Maduro, usted no está por encima de las leyes venezolanas, ni de las exigencias de la ONU y la OEA. Usted no puede encarcelar a nadie porque le da la gana, no puede tampoco acorralar a la oposición ni a los chavistas que le están diciendo valientemente en su cara que usted fracasó, que debe irse para bien de la nación y de sus propios partidarios. Cargue usted con su fracaso y piérdase en la historia que lo recordará como un tropiezo más de las tantas utopías artesanales que han engañado a nuestros pueblos.

No insista en el error de encarcelar a los políticos de la oposición; deje en paz a los jóvenes estudiantes que, en todo caso, son más puros y valientes que la gente corrupta que lo rodea a usted; respete a la MUD, a Ramos Allup y a su jefe de seguridad, el comisario Coromoto Rodríguez, que como usted bien sabe es inocente de la barbaridad que le quieren adosar. Tenga un poco de decencia y sinceridad en los meses que le quedan de su mandato. Deje la hostilidad porque va a terminar abandonado por sus amigotes y recordado con lástima por la gente que usted ilegalmente mantiene encarcelada, sin pruebas y sin posibilidad de un juicio respetable y equilibrado.

¿Acaso quiere usted ser el símbolo de la represión bolivariana, el Pedro Estrada de esta época, el hombre que de ahora en adelante debe huir no solo de la justicia internacional sino de su propia conciencia? Piense usted en el destino de sus colaboradores, civiles y militares, quienes desde ya tienen listas sus redes para fugarse y dejarlo solo, entrampado y en desgracia.