• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Relaciones peligrosas

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No vaya usted a creer que Petra es la dueña del camisón que cada vez le va más holgado a Maduro, no porque le disminuya su condición de estadista, pues nunca la tuvo, sino porque cada vez son mayores los problemas que derivan de su falta de creatividad, su arrogancia extrema, y el desmedido empeño en parecerse a Hugo Chávez, quien era bueno para embelesar a crédulos y pacatos, pero muy malo escogiendo socios y amigotes, defecto que legó a su sucesor y que éste ha magnificado.

La agencia oficial de Jordania (Petra) informa, según el periódico español ABC, que las autoridades de ese reino, cumpliendo su promesa de responder “estremecedora, decisiva y fuertemente” a la forma cruel, inhumana y espantosa de quemar vivo dentro de una jaula al piloto jordano Al Kasaesbe, procedieron a su vez a ejecutar en la horca a la yihadista de origen iraquí Sayida al Rishawi y a otro activista, Al Karbouly, miembros de Al Qaeda. Ambos habían sido juzgados y condenados años atrás pero se les había suspendido indefinidamente la pena de muerte.

Ese vengativo dos por uno no tiene ninguna justificación y, aunque puede explicarse en virtud del martirio padecido por un compatriota, merece tanto repudio como la hoguera purificadora en la que fue inmolado el aviador. La ley del Talión no puede ser, a estas alturas de la historia, base de juridicidad alguna ni debe invocarse como principio distributivo de castigos.

A pesar de aparecer en el Viejo Testamento, ese ojo por ojo ha de verse como una metáfora y de ningún modo interpretarse al pie de la letra cuando se trata de vidas humanas. Ningún libro, por sacrosanto que sea, puede prescribir los tormentos a los que son sometidos los adversarios del fundamentalismo; de hacerlo, el texto dejaría de ser sagrado para convertirse en obsceno.

El gobierno venezolano, guiado por una desquiciada y maniquea geopolítica en blanco y negro que cataloga de malo a occidente y beatifica al oriente, especialmente al próximo, porque al lejano le debemos hasta el modo de caminar, no suele declarar sobre estas atrocidades, y cuando opina lo hace con frialdad y casi a escondidas. No puede ser de otro modo, porque funcionarios del servicio exterior venezolano han sido señalados como agentes de la internacional del terrorismo y entre bomberos no se pisan la manguera.

Sin ir muy lejos, hace poco se hizo público un comunicado del FBI que advertía sobre la inclusión de Ghazi Nasr al-Din en la lista de terroristas más buscados. Se trata de ciudadano con dos nacionalidades, libanesa y venezolana, presuntamente vinculado a Hezbolá, que ocupó la secretaría de Asuntos Políticos en nuestras embajadas de Beirut y Damasco.

“Es extremadamente inquietante ver cómo el gobierno de Venezuela emplea y proporciona amparo a un facilitador y donante de Hezbolá”, señaló Adam J. Szubin, director de la Oficina de Control de Activos Extranjeros del Tesoro; pero, más que inquietar, debería alarmar el que la Casa Amarilla se haya convertido en Ministerio de Relaciones Peligrosas.