• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Regreso sin gloria

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Esperamos que con el retorno del Presidente se calmen los ánimos tanto del Gobierno como de la oposición, que competían por ver quien era el dueño de la verdad y acertaba entre la muerte inminente, la pelea interna por el liderazgo en el PSUV y el regreso desafiante del viajero misterioso. Se ha perdido un tiempo valioso entre los seguidores del oficialismo y la oposición para discutir a fondo los programas que los futuros gobernantes de las regiones deben dar a conocer a la opinión pública.

Se equivocan quienes creen que esta es una jornada electoral que se parece a una torta de cumpleaños en la cual las porciones están reguladas en la medida en que los estados son mayores o menores en su aporte de votantes a escala nacional.

Si bien los estados juegan un papel fundamental por la cantidad de sufragios decisivos que suman para la elección del Presidente de la República y de los integrante de la Asamblea Nacional, también es cierto que esta vez no sólo está sobre la mesa la cuantía de los votos regionales sino el avance o el retroceso del control del oficialismo o de la oposición hacia entidades que, por pequeñas o grandes que sean, significan un avance rotundo en el camino hacia la victoria o la derrota del autoritarismo o la democracia.

La estrategia de los sectores extremistas tanto de la oposición como del oficialismo intenta desacreditar el proceso electoral del 16 de diciembre, pero sus argumentos son tan endebles que no sostienen el peso de los objetivos fundamentales que están en juego: el fortalecimiento del Gobierno y su trasnochado proyecto socialista o la pérdida de su influencia mayoritaria en regiones que, por minúsculas que sean, agregan territorio a la libertad.

Lo importante, lo definitivo, lo real y rotundamente político es la batalla por conquistar espacios electorales que, en este momento, pueden estar en manos de alguna corriente pero que son conquistables si no se desprecia la esperanza y si, por encima de la resignación, pervive y se levanta un sentimiento y unas ganas de lograr lo que siempre parece haber estado al alcance de la mano y que siempre se nos escapa.

Quizás, y decimos quizás, porque sólo los ciudadanos pueden dar una respuesta rotunda: ¿Están conscientes los sectores democráticos de que el crecimiento de la multitud crítica y contraria a las actuaciones autoritarias, despreciativas e insultantes del oficialismo no ha terminado de alcanzar la altura propia, suficiente y demoledora de una mayoría que les dé la razón y les entregue la responsabilidad del poder? ¿Tienen consciencia de que deben trabajar duramente para dejar de ser minoría?

No es el regreso de Chávez lo que importa. Su ausencia demuestra fehacientemente que el país puede funcionar sin que su figura todo lo controle y lo ordene. Su vacío ha sido demoledor en cuanto a su presencia inevitable. Podemos vivir sin él, gracias a Dios todo sigue funcionando.