• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Régimen enredado

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Planes de magnicidio, tramas de golpes de Estado, amenazas a la vida del candidato opositor y ofensas a la soberanía nacional reaparecen como denuncias antiimperialistas en el discurso de campaña del candidato oficialista que usa y abusa de todos los recursos materiales e institucionales del Estado. Es un guión conocido, que ahora se repite sobre las ruinas de un supuesto proyecto de refundación para hacer irreversible su fracaso, a todo trance.

Activar al enemigo imperialista suponía resucitarlo. En enero se supo que el canciller Maduro había iniciado dos meses antes conversaciones con la subsecretaria de Estado, Roberta Jacobson, para recomponer las relaciones diplomáticas con Estados Unidos, incluyendo la cooperación con la DEA, quizá apostando a la fórmula lograda con Colombia.

Pero no, el 5 de marzo, poco antes de dar a conocer el deceso del presidente Hugo Chávez, el ungido en campaña anunció la expulsión de dos agregados militares de Estados Unidos bajo la acusación de participar en un plan de golpe de Estado. Del mismo momento fue la tesis del cáncer presidencial “inducido”.

No obstante la gravedad de las denuncias, Elías Jaua ratificó días después, desde su posición de canciller no juramentado, que los contactos con Washington continuarían si había respeto mutuo. Pero no han cesado las acusaciones en el discurso de campaña: conspiraciones de los exfuncionarios Roger Noriega y Otto Reich, mercenarios en Centroamérica, maquinaciones de la CIA y el Pentágono, todos en plan de atentar contra la vida del candidato opositor Henrique Capriles y desmantelar la campaña electoral.

Al libreto enrevesado, repetido y desgastado se suma ahora la indignación ante las palabras de la subsecretaria Jacobson en entrevista publicada el 15 de marzo bajo el título “Cuba está cambiando”. A una semana de su difusión Jaua anunció “la suspensión del canal de comunicación” con Estados Unidos, exigiendo “rectificación y cese de injerencia”. Eso sí, sin alterar las relaciones consulares, diplomáticas y comerciales con nuestro principal proveedor de divisas.

¿A qué razón y propósito obedeció la reacción a las palabras de la alta funcionaria, que lucen al observador desprevenido mucho menos graves que las acusaciones acumuladas en días previos? El tema sensible es la mera mención de que “los venezolanos merecen unas elecciones abiertas, justas y transparentes en las que todos puedan ejercer su voto con la confianza de que su decisión será respetada”, que “será un poco difícil, pero eso es lo que los venezolanos y la comunidad internacional deben apoyar”.

Allí es donde ha definido su trinchera ante el país y el mundo el régimen en campaña, que irrespeta la separación de poderes, presiona a los medios independientes y ha dado la espalda a los más integrales y confiables sistemas de observación electoral. Ese es el reto de los venezolanos, antes, durante y después del 14 de abril.