• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Recesión e incertidumbre

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Aun dando por buenas las cifras del Banco Central, la recesión durante los tres primeros trimestres de 2014 fue de 4%. La caída del producto interno bruto alcanzó 4,8% en los tres primeros meses; 4,9% en los tres siguientes, y 2,3% en los tres últimos computados. El promedio de esas cifras es 4% para los primeros nueve meses del año recién terminado.

Nada hace pensar que las cifras del último trimestre puedan mejorar este resultado oficial. Pero dentro de la política de engaño de las autoridades solo se destacan los registros del tercer trimestre, que fueron los menos malos.

La misma estrategia de desinformación se utilizó con respecto al alza de los precios. Las últimas disponibles fueron las de agosto, las mejorcitas del semestre anterior (3,9%), hasta que el penúltimo día de diciembre nos enteramos de que la inflación mensual había rondado 5%, para acumular 63,6% para fines de noviembre, lo que significa una inflación anual cercana a 70%.

Con respecto al desabastecimiento, ni siquiera se utiliza tal estratagema: se mantiene un silencio que permite pensar en cifras aun más impresentables. Ese ocultamiento ha sido la actitud predominante del gobierno durante 2014, lo que ha ocasionado incertidumbre entre la población y los agentes económicos, incluso respecto a quien está encargado de tomar decisiones. Porque en materia económica no se han adoptado decisiones. Ha habido solamente desplantes.

“Pudo haber sido peor”, dijo el presidente Maduro en su alocución de fin de año. Verdad de Perogrullo. Pero fue bastante malo para el bienestar de los venezolanos. Con el agravante de que este año puede ser peor, no obstante los estados mayores y comandos de campaña que se instalarán en Miraflores bajo la conducción directa del señor Maduro y los planes de recuperación de seis meses, dos años y cuatro años que aún no conocemos.

Quizás sea un avance que ahora el señor Maduro reconozca la necesidad de adoptar un nuevo modelo y un nuevo rumbo. Con ello acepta implícitamente su propio fracaso. Pero, además de ese reconocimiento, resulta necesario diseñar una estrategia y aplicarla. Porque de lo que nos dijo el 30 de diciembre se puede colegir que si antes el gobierno estaba mal orientado ahora está perdido. No sabe en dónde se encuentra y ha delegado en el estado mayor de la recuperación determinar en dónde está.

El pueblo sigue padeciendo las consecuencias de la falta de gobierno en materia económica. Omisión mucho más peligrosa ahora que han caído los precios del petróleo y se hace más difícil recurrir a los altos ingresos de las exportaciones de hidrocarburos para tapar los huecos generados por la corrupción y la incompetencia.

El BCV afirma que el Ejecutivo nacional ha mantenido intacto su proyecto esencial: “Preservar el bienestar del pueblo”. Pero el pueblo puede juzgar en carne propia si ese proyecto ha dado resultados. Porque la recesión, el alza de los precios y la escasez de productos esenciales no contribuyen a ese bienestar que proclama el BCV.