• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Raúl y Hugo

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La realidad se empeña en levantar un muro entre el “socialismo militar” que el actual gobierno pretende imponer en Venezuela y la “renovación” del sistema comunista que preside Raúl Castro en Cuba. A pesar de que los dos son comandantes y usan el uniforme militar cuando les conviene, lo cierto es que la unión no parece convalidarse tan estrechamente en los hechos.

Mientras en la isla eliminan ciertas limitaciones a la propiedad, se incentiva los pequeños y medianos negocios en las ciudades y en el campo, se permite cada vez más a los campesinos colocar y expender sus productos sin la intermediación del Estado, se alquilan y venden casas, los taxistas crecen en número y los restaurantes caseros florecen con rapidez, en Venezuela cada día se limita más la propiedad privada y se persigue a los empresarios.

Aquí se expropian las granjas y las haciendas en plena producción, los hatos de ganado destinados a la producción de leche y carne languidecen en la miseria, se expropian garajes y talleres pertenecientes a la modesta clase media de las ciudades, se invaden los edificios en construcción y se les quita los apartamentos a los jubilados que adquirieron esas viviendas para alquilarlas y garantizarse una cierta entrada de dinero, mientras que a los inquilinos no se les otorgan préstamos a bajo interés para que compren esos inmuebles y no vivan en un limbo legal.

Tanto Cuba como Venezuela mantienen una política de restricción a los viajes al extranjero. En el caso venezolano se debe atravesar el filtro oficial que establece un número restringido de divisas según el sitio que se va a visitar. Igual ocurre con los viajes de estudio o de perfeccionamiento profesional que deben adecuarse a las “prioridades del Estado”, es decir, a lo que el Gobierno le da la gana que estudien.

En este aspecto Cuba ha dado un paso interesante al prometer que desde enero del próximo año los cubanos podrán viajar al exterior en condiciones mucho más amplias que las establecidas actualmente. Ello, desde luego, ha caído muy bien entre aquellos que llevan años insistiendo en ejercer su derecho de salir y entrar de su país sin trabas ni contratiempos, tal como está escrito en la carta de los derechos humanos de la Organización de las Naciones Unidas.

Pero en Cuba no es oro todo lo que brilla porque en la misma medida en que se abre una puerta ciertamente positiva para muchos, de inmediato se colocan trabas, es decir, la letra pequeña de los contratos que, como bien sabemos, esconde y oscurece más que ilumina el derecho de los ciudadanos. Los científicos, los profesionales técnicos, los atletas de alta competencia y “otras personas de relevancia” no podrán viajar tan libremente como anuncia Raúl Castro.

Donde sí siguen unidos los dos regímenes es en la negación de los derechos humanos, en la persecución y acoso a los disidentes y en el odio feroz hacia la libertad de prensa.