• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Radioterapia y renta petrolera

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El pasado 19 de agosto, este diario dedicó su editorial a la ominosa situación en que se encontraban los imprescindibles servicios de salud que el Estado venezolano está en la obligación de mantener dispuestos y en perfectas condiciones de funcionamiento para atender a los pacientes con cáncer. Que casi cuatro meses después sea necesario volver al tema no es reflejo de una obsesión editorial.

Y es que, tal como lo revela el reportaje que hoy se publica en nuestras páginas, la adversidad sigue siendo el leitmotiv, la ruinosa realidad que los pacientes que requieren de servicios de radioterapia deben afrontar hoy en la república de la felicidad, según proclama el falsete de la propaganda gubernamental.

Más que insistir en la denuncia, este editorial quiere estimular la reflexión sensible ante el significado de estos hechos. Lo primero que cabe señalar es que ya no es posible permanecer indiferentes ante este estado de cosas. Corresponde preguntarse qué fuerzas se han confabulado para que en Venezuela hayamos alcanzado un nivel tal de degradación de los servicios de la salud como para que un paciente afectado por un cáncer, que en lo esencial es una enfermedad en la que la respuesta a tiempo es un aspecto determinante, deba esperar hasta seis meses por una sesión de radioterapia. Léase otra vez: esperar hasta seis meses por una sesión de radioterapia.

Y es ante crudas realidades como la que se expone en nuestro reportaje de hoy que es posible afirmar que el problema no es otro que el fracaso de un modelo. Entre las muchas cosas que cabría anotar al respecto, aquí escogeremos solo una: la disponibilidad de recursos financieros y, en estrecha relación con ello, el modo con que el régimen de Chávez y Maduro se han relacionado con la renta petrolera.
El análisis sobre el modo en que se han utilizado y se utilizan los ingresos sin precedentes que ha tenido, no el país sino los administradores del régimen, es sobrecogedor.

Los expertos han dicho que no se han utilizado los recursos para fortalecer la estructura productiva del país, sino que al contrario, se ha destruido, y esto es cierto. Se ha insistido en que se han utilizado de forma descarada los ingresos petroleros para ganar elecciones y obtener lealtades políticas, y esto es cierto. Se ha denunciado una y otra vez que los dineros del petróleo han ido a parar a las manos de grupos de irregulares y de gobiernos autoritarios, y esto es tristemente cierto.

Ha sido evidente para cualquier ciudadano que se mantenga alerta ante los asuntos públicos que el gobierno usa los dólares petroleros en campañas propagandísticas cuya finalidad es ocultar el ruinoso estado de sus precarias ejecuciones, y esto es indiscutible. Todo esto nos sugiere el carácter de la relación que el régimen tiene con los dólares del petróleo: el rentismo más atroz e improductivo; el más inmediatista y desconsiderado; el más insustancial y superfluo, evidente en su incapacidad, no ya de mejorar la calidad de vida del conjunto de la sociedad venezolana, sino de atender con el debido respeto y los recursos necesarios a unas personas que, para vencer la enfermedad y seguir con sus vidas, necesitan de sesiones de radioterapia ahora y no después, cuando ya sea demasiado tarde.