• Caracas (Venezuela)

Editorial

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En estos momentos en que todo parece dividirnos en facciones reacias a dialogar y a hacer el esfuerzo para tratar de entendernos ­sin que se nos acuse de débiles e ingenuos­, debemos armarnos de valor y pensar, en medio de tanta indignación y de furia contenida, si a estas alturas es posible distinguir en medio de la ceguera política, algunos puntos de coincidencia entre todos los venezolanos.

Que lo diga este periódico que tanta represión ha padecido durante este gobierno suena, por decir lo menos, muy extraño y, desde luego, levanta suspicacias. Nada de eso. Si en algo estamos contestes es en la decisión rotunda e inquebrantable de mantener nuestra firme línea editorial porque sería de tontos y de ingenuos tirar por la ventana lo que tanto sacrificios nos ha costado y que, además, nos ha dado el apoyo y la invalorable credibilidad de nuestros lectores.

Por ello nos atrevemos a reflexionar con amplitud en esta fecha que, por fundados motivos, hacen nacer la certeza de que hoy quedará trazada por muchos años una línea histórica en el panorama político nacional. Desde luego no somos tan ingenuos para pensar que cesará el clima de guerra y agresiones que ha imperado hasta ahora.

Tampoco creemos que la oposición perderá empuje ni claudicará en sus propósitos de lucha que, como lo demostrará la jornada de hoy, le ha rendido
dividendos incuestionables que demuestran a las claras que, tras constantes decepciones, errores de principiantes y estériles batallas internas, han encontrado el rumbo para hacer llegar su mensaje a grandes sectores de la población.

Como es lógico no puede caer en la tentación y la insensatez de imaginar que, luego de estos comicios, nada va a cambiar. Al contrario, el oficialismo y sus aliados tienen ante sí una tarea inmediata, urgente e impostergable como lo es el balance de ganancias y pérdidas.

Algo tendrá que cambiar si se quiere recuperar la amplia franja de simpatías electorales de la que siempre han hecho gala. También valorar aquellos circuitos donde se obtuvo un triunfo relevante, correspondiente a las expectativas. Las derrotas, huérfanas por supuesto, mostrarán también un croquis valiosísimo para diseñar un cambio de estrategia porque la actual dice a gritos que está agotada.

La oposición no estará exenta de derrotas y también de errores de cálculo en aquellos circuitos que daban por ganados y que finalmente contrariaron las expectativas. A veces se olvida que el PSUV es un partido con una larga experiencia electoral y que no desperdicia en su favor cualquier error del adversario.

Enclavado en este extenso territorio de odios, habitado y dividido por fanáticos, existen zonas donde la convivencia es proclive y el entendimiento posible. Ningún venezolano, sea oficialista o de oposición, desea la violencia, la inseguridad, el narcotráfico, la corrupción, la violación de los derechos humanos y la  escasez de alimentos y medicinas, o las universidades cerradas. Puntos de encuentro en común que no debemos olvidar.