• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

Al instante

A ver si la pegan

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Son cada vez más estrafalarias las acciones que se improvisan para disimular la crisis y tratar de paliar sus efectos sin intentar, al menos, identificar sus causas. La Mesa de Alimentación, estafeta burocrática que se multiplica por toda la geografía nacional para amontonar propuestas y no soluciones, es producto de esa improvisación.

Se trata de una instancia que, hasta ahora, no ha aportado fórmulas para escapar del atolladero al que nos condujo la incompetencia roja, pero sí aventuradas apreciaciones sobre los presuntos responsables del mismo. Así, en una aproximación al castellano que da grima oír y pena leer, el señor César González, presidente del Consejo Legislativo del Estado Nueva Esparta y vocero de la susodicha Mesa, al término de una reunión con la Superintendencia Nacional para la Defensa de los Derechos Socioeconómicos y la Superintendencia Nacional de Silos, Almacenes y Depósitos Agrícolas dijo: “Ya tenemos concepción del problema que tenemos. No es un problema de desabastecimiento sino de acaparamiento doméstico. El propio pueblo está acaparando”.

¡Qué riñones! El señor González, sin mostrar prueba alguna, se atreve a convertir a las desamparadas víctimas en los grandes culpables, calificando de acaparadores a gente a la que apenas le alcanzan sus exiguos ingresos para comprar lo indispensable para sobrevivir decentemente. Cómo puede alguien suponer que estos modestos consumidores disponen de espacio para atesorar bienes con fines especulativos, sobre todo en Margarita donde los vacacionistas están obligados a cargar con sus vituallas o, de lo contrario, pasará las de Caín a la hora de alimentarse.

¿Cuáles son los sistemas de refrigeración que tiene “el pueblo” a su alcance para acumular productos perecederos cuyos precios hacen más que prohibitiva su adquisición en cantidades superiores a las necesarias? ¿Sabe ese sujeto de verbo deplorable cuánto valen las papas o las cebollas? Claro que no, porque solo la ignorancia del coste de los alimentos puede haberlo impelido a hacer tan detestable deposición.

“Ya tenemos concepción del problema que tenemos”. Ni Cantinflas era capaz de hilvanar una frase tan desopilante para afirmar que se tiene una idea de lo que está pasando, aunque ella responda a una percepción equivocada del comportamiento del consumidor cuando se le imputa “acaparamiento doméstico”; la perla que faltaba en el rosario de despropósitos que se plantean en esas reuniones tan improductivas como los organismos partícipes, pendientes sólo de fijar la fecha del siguiente encuentro, única decisión que suele tomarse en ellas.

“El propio pueblo está acaparando”. Será que hay un pueblo impropio, podríamos preguntarnos ante semejante aserto cuya dudosa adjetivación motiva la interrogante. Sin embargo, no es propósito de este editorial aleccionar al señor González y a quienes como él hacen uso indebido del idioma para hablar mucho y decir muy poco a ver si, por casualidad, la pegan.