• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Proyecto fracasado: En la mera torre

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Es una expresión mexicana, que habitualmente se usa para referirse a un hecho contundente: a fulano le dieron en la mera torre, por ejemplo. Pero, ¿a quién le dieron en la mera torre con la inesperada mudanza del promisorio y después abandonado edificio Confinanzas, llamado popularmente Torre de David, que se está llevando a cabo? Si recordamos que la historia gira alrededor de una construcción deshabitada y en espera de planes del sector público, para la que se perfilaba un destino mejor cuando Chávez ascendió al poder, pero que fue objeto de una ocupación favorecida por la autoridad de entonces, la respuesta se orienta hacia quienes en su momento permitieron el espectáculo de una de las invasiones más estrambóticas que se puedan recordar.

La Torre Confinanzas se pensó como una fábrica de ensueño, como el edificio más inteligente de América Latina, como residencia de magnates en cuyas manos quedaría un derrotero de progreso material que se escribiría con letras de oro en las páginas de la historia. Sin embargo, la inteligencia tiene sus enigmas y lo que era un designio de avance económico y de afirmación de la burguesía más avanzada de las burguesías, terminó en la ruleta de una crisis bancaria que le cambió el dueño y la trayectoria. Como sabemos, pasó a manos del Estado, que no acertó con proyectos inmediatos sobre una maravilla devenida en timo. Pese a que la construcción estaba adelantada y parecía un reto capaz de atenderse sin mayores quebraderos de cabeza, terminó en el espacioso limbo de los elefantes blancos. Hasta que Chávez encontró la solución, por supuesto.

¿Cuál solución? Un “plan” que no solo consistió en permitir su ocupación por el pueblo soberano, sino también en presentar el hecho como un logro de la revolución. La propaganda sobre la insólita colonización del edificio llegó hasta la Bienal de Venecia, exposición artística de fama universal en la cual se presentó el poblamiento del lugar como un aporte arquitectónico aguijoneado por la justicia social, como un producto del ingenio popular y de la redención de los oprimidos que merecía la atención de la culta Europa. Los reportajes, los documentales pagados por el erario, los panfletos de papel glacé y las fotos multicolores del insólito barrio vertical y de sus moradores le dieron la vuelta al mundo, con la complacencia del régimen encabezado por el comandante Chávez que así exhibía uno de sus logros más curiosos y atrayentes para los asiduos a esas muestras habitualmente visitadas por los progres más ingenuos y fáciles de sorprender.

Fantasía sin sentido y justicia popular echada a la basura, si nos atenemos a la mudanza que hoy lleva a cabo el madurismo. Ya la Torre perdió su contenido de plan equitativo para los pobres, que se había pregonado en los años anteriores. Lo que era una maravilla se convirtió en adefesio digno de olvido, si juzgamos por la celeridad de la agencia de traslados que se ha puesto en marcha sin hacer memoria de los logros del comandante supremo, tan cacareados hasta hace poco, o tratando de encontrar una explicación que no toque ni con el pétalo de una rosa lo que se hizo con los pies y ahora se endereza con ministeriales manos. No solo se le da en la mera torre a la Torre de David, sino también a los disparates que prohijó el “gobierno anterior”. Estamos frente a una de las mudanzas más interesantes de los últimos tiempos, por lo tanto.