• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Protesta rotunda

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Con el apoyo masivo de los trabajadores de la prensa, de los estudiantes, de la oposición y de los ciudadanos en general, la marcha para exigirle al gobierno de Maduro que entregue de una vez por todas las divisas que se necesitan para importar papel destinado a imprimir revistas y periódicos fue un acto cívico exitoso y contundente.

En ningún momento hubo contratiempos que lamentar porque cuando los comandos policiales mostraron los dientes nadie les tuvo miedo sino más bien lástima, no sólo porque el sol y el calor les hacía chorrear el sudor a mares, sino porque se les veía la cara de avergonzados por el triste papel que estaban cumpliendo por el miserable sueldo que les pagan.

¿Por qué no vienen sus jefes y dan la cara ante los manifestantes tal como sí lo hicieron quienes organizaron la marcha de los periodistas? Por nada del mundo estos jefes policiales y militares se paran de sus escritorios y van a dialogar con los ciudadanos que protestan sin otras armas que no sean la verdad y el coraje. Este gobierno y sus altos funcionarios carecen del valor suficiente para dejar sus oficinas y conversar con los ciudadanos que están indignados ante tanta ineficiencia y corrupción.

Si piensan que con ello van a silenciar el malestar general, pues se equivocan. La gente clama por un cambio radical en las políticas de hambre y represión. Los asesinatos, los atracos, los secuestros, los motines en las cárceles, el narcotráfico y la corrupción generalizada no pueden ser barridas y escondidas debajo de la alfombra para que nadie se percate de ellas, eso es imposible por las dimensiones gigantescas del descalabro moral y ético que se enseñorea indetenible por toda la administración pública.

Al gobierno no le queda otro camino que detener la represión y evitar que se produzca un enfrentamiento trágico. Es la hora de la cordura y no de los gritones y azuzadores que, como el fascista Diosdado, quiere convertir a los militares en instrumento de su odio al estilo de Pinochet en Chile. En Venezuela no hay lugar para este personaje envilecido y cegado por sus
ansias de poder.   

El juego de Diosdado ha quedado al descubierto al querer desplazar a los poderes civiles y desconocer los rangos militares con sus actuaciones irracionales en el Zulia y Táchira. Ahora con el nuevo programa de televisión, Diosdado ha confirmado ante el país que carece del carisma de Chávez, que es un grosero sin gracia y un ignorante en el arte de expresarse.

Maduro sabe que tiene esa piedra en el camino y que Chávez lo hubiera puesto rapidito en su sitio, pero el presidente se ve debilitado incluso entre sus propios partidarios dentro del PSUV. Los aliados de Maduro ven claramente la tempestad que se les viene encima y están montando tienda aparte porque nadie se quiere convertir en un tonto útil para que jefe de la AN se encarame en el poder.