• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Profanación

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A lo largo de su interminable gestión, el chavismo ha dejado muy claro que para gobernar no se requieren dotes de estadista ni habilidades de gerente, sino ingentes recursos para regalar entre la gente pobre. De esa manera se atrae con artes de pícaros a un amplio sector de la población con el único fin de perpetuarse en el poder.

En este proceso de avasallamiento ha jugado papel protagónico la falsificación del pasado, con el fin de tejer una mitología que glorifique al líder sobre la base de inexistentes episodios históricos y flagrantes distorsiones de lo que en el país ha acontecido en los últimos 50 años. Apoderarse, ahora, de una fecha como el 23 de Enero, que el propio comandante había convertido en anatema, pone en evidencia el cinismo de la élite civil y militar que ha usurpado el control de la administración pública.

En su búsqueda de antecedentes que justifiquen y magnifiquen su actuación, y con el lamentable concurso de algunos intelectuales que degradan la creación para ponerla al servicio de la invectiva oficial, los legatarios de Chávez que han sumido al país en la inacción apelaron una vez más al trapo rojo y a la cortina de humo para tratar de disimular la gravísima crisis política y económica que nos afecta y, de paso, justificar su participación en una celebración que conmemora lo que ellos niegan: la democracia.

Ver a la militancia comunista convertida en vergonzosa comparsa del chavismo, e infamando el desprendimiento de ilustres y valientes ciudadanos que pagaron con cárcel, exilio o muerte su oposición al régimen del general Pérez Jiménez es, para decir lo menos, deprimente, sobre todo porque, como se recordará, el dictador tachirense siempre fue para Chávez, y por extensión para su entorno, motivo de suprema inspiración y no de repudio (lástima que ese embeleso no se traduzca en la construcción de grandes obras públicas).

La patética participación de quienes deberían enorgullecerse de su herencia política en la macabra y luctuosa procesión convocada el pasado miércoles por el PSUV para tratar de arrebatarle a la oposición sus banderas y acallar sus pronunciamientos a favor de la democracia y no en fidelidad subsidiada por el Estado, es una ofensa al legado de los hombres y mujeres que integraron la resistencia desde el PCV contra el perezjimenato y mancilla la memoria de recordados y valientes luchadores como Gustavo Machado, Jesús Farías y Cruz Villegas.

Empañan la memoria de una generación comprometida con la libertad y deshonran su contribución a la forja de la institucionalidad democrática quienes enfrentaron al gobierno militar que presidió un golpista victorioso y ahora se pliegan a un régimen que nació de una intentona golpista y que, gracias a la democracia y a las reglas de juego que le son inherentes, alcanzó la primera magistratura para hacer del ejercicio político una auténtica profanación.