• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Poderes mercenarios

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Ayer la agencia de prensa AFP informó que "crece la presión (interna y externa, suponemos) para que Henrique Capriles reconozca el triunfo de Nicolás Maduro". No son pocas las dificultades que se le presentan a este gobierno espurio para que, con la mitad del país en su contra y el resto de la diplomacia seria de América Latina y el mundo poniendo en duda la trampa electoral armada a espaldas del pueblo por Tibisay Lucena y del aquelarre de sus amigas, vengan de buena gana a Venezuela a aplaudir a un mandatario presidencial que presenta defectos de fabricación.

Lo ideal sería, como hacen las grandes compañías de automóviles, proceder a sacarlos de circulación mientras se les cambia las piezas dañadas. Eso es lógico y más si lo que está en juego es la conducción de un país.

Pero si los votantes, o los usuarios para seguir con el ejemplo de los autos defectuosamente fabricados, se atreven a protestar y a exigir sus derechos entonces el Gobierno los califica de terroristas y conspiradores, desestabilizadores del sistema y hasta asesinos de esos angelitos que ellos, desde los arsenales del oficialismo, ayudaron a armar y los entrenaron para que actuaran como bandas fascistas dirigidas a atemorizar y matar a los enemigos si ello fuera necesario. Deberían aprender de las grandes multinacionales que reconocen sus fallas y llaman a los usuarios para reparar sin costo alguno los defectos de sus automóviles.

Lo cierto es que reparar a Maduro va a costar Dios y su ayuda, y en primer lugar habría que enseñarle cuestiones tan básicas y humanas como no insultar a los niños con síndrome de Down diciéndoles mongólicos, no decir que el estado Bolívar es una isla rodeada de agua por todas partes, que Margarita es un estado y que Cumaná es una provincia.

Desde luego que cuando los jóvenes votantes apreciaron los dos discursos, tanto el de Maduro como el de Henrique Capriles, entendieron perfectamente que con Capriles era posible vivir en una Venezuela sin adversarios y como hermanos. El respeto regresará a la política y mucho se le agradecerá a ese joven político que con pocos recursos y mucha valentía y decisión logró unir a los venezolanos y a un número importante de organizaciones políticas dispersas.

Como es lógico, los jóvenes, sintiéndose burlados y manipulados por la mayoría del CNE, salieron a la calle a protestar, como ocurre en Francia, en España, en Inglaterra, en Chile o en Brasil.

Pues aquí eso está prohibido y quien lo haga es un terrorista.

Habría que preguntarle a la fiscal general por el joven Manuel Alejandro Méndez Sanabria, funcionario de la Defensoría, que no era chavista pero fue obligado a ir a marchar y allí, en un enfrentamiento entre pandillas rojitas, fue asesinado. ¿No le duele a usted ese venezolano? ¿No le duelen a la presidenta del TSJ, Luisa Estella Morales, los 258 muertos que ingresaron por muerte violenta a la morgue de Bello Monte?