• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Plata para Humala

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Hablamos de 87.451 dólares trasegados en 2005, cuando gobernaba el eterno comandante. Hablamos de dinero procedente de Venezuela, que fue a dar a la cuenta de una señora poco conocida entonces, llamada Nadine Heredia. En breve la señora ascendió a la celebridad por ser la esposa de Ollanta Humala, el político que, de acuerdo con los sondeos de opinión, podía llegar a la presidencia del Perú.

Apenas comenzaba a organizar su partido, pero la opinión pública se entusiasmaba con su candidatura y valía la pena colocar un bolso de monedas en su ruleta. Humala ganó las elecciones en 2011, en efecto, después de anunciar públicamente que no mantenía nexos de ninguna especie con el 
chavismo. Sin embargo, ya desde Caracas se había hecho la apuesta, por simple beneficencia o esperando las ganancias que produce un envite jugado 
oportunamente.

La Unidad de Inteligencia Financiera del Perú, dependiente de la Superintendencia de Bancos, reinició hace poco una investigación comenzada en 2009 contra la señora Heredia de Humala, por el cargo de lavado de activos. Los sabuesos toparon con unos sorpresivos 87.451 billetes verdes que provenían de la generosidad venezolana.

Ahora la prensa peruana y del vecindario se llena de preguntas sobre la operación. ¿Por qué se le envió ese paquete de activos a doña Nadine? ¿Funcionó la dádiva para el aceite del motor electoral del prometedor esposo? ¿Cuál fue el propósito esencial de una remesa que apareció de pronto en la cuenta bancaria de una clienta que no había levantado sospechas en operaciones anteriores?

Humala las ha contestado sin convencer del todo. Habla de “una persecución” contra su compañera de desvelos, debido a que se trató de “una colaboración 
de empresarios venezolanos y de otros países, que no tiene nada de ilegal”. El hecho de que se depositara el dinero en un banco de Lima sin tomar ninguna 
precaución, agrega el ahora presidente, indica la existencia de un trato legítimo que no debe levantar suspicacias.

Pero las suspicacias son testarudas, para su desgracia. Los cuestionamientos prosiguen, la incredulidad se multiplica y la opinión pública le reclama una 
reacción más convincente.

Lo cierto es que la plata se mandó y que doña Nadine la depositó en su cuenta corriente. Lo cierto es que en breve comenzó la campaña electoral que le dio 
el triunfo a su compañero de vida. Lo cierto es que sobran los indicios para pensar en la existencia de un tráfago susceptible de investigación. No solo en el Perú, por supuesto, sino también en el lugar desde el cual se remitió el “desinteresado” óbolo.

Lo cierto, también, es que el presidente Maduro se la pasa despotricando contra lo que llama injerencismo, esto es, contra la intromisión indebida e ilegítima en la política de otros países. Cada país es soberano, ha remachado cuando tiene oportunidad, y los otros países deben evitar la participación en sus asuntos, especialmente si esos asuntos son políticos. Parece que el discurso se ha tropezado ahora con 87.451 dólares.