• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Pilatos en la OEA

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La de los cínicos era una escuela filosófica que prosperó en Grecia tres o cuatro siglos antes del nacimiento de Cristo; llamada así por Cinosarges, lugar donde Antístenes, discípulo de Sócrates, impartía sus enseñanzas, y tendría en Diógenes, el del tonel y la linterna, su representante más mentado. Eran aquellos cínicos gentes austeras hasta decir basta y sus ideas y comportamiento nada tienen que ver con el desparpajo, el caradurismo e impudicia de quienes hoy son así llamados.

No es sólo didáctica la intención de las líneas anteriores, se pretende, con ellas, establecer un punto de partida para entender la conducta y el discurso de personajes que falsifican o distorsionan los hechos para justificar sus acciones. Los líderes de Podemos en España intentan una demanda contra Aznar, porque el ex jefe de gobierno habría sostenido que el izquierdista movimiento fue financiado con fondos de la República Bolivariana, y aduce que el dinero recibido fue por concepto de “honorarios profesionales” y no para financiación del partido.

No difiere en su flexibilidad este argumento de los alegatos de plastilina con que el secretario general saliente de la OEA, José Miguel Insulza, ha tratado de sustentar sus vacilaciones y ambigüedades en relación con lo que acontece en Venezuela.

El “Panzer” —así le llaman en Chile—, que fue encumbrado en el organismo interamericano gracias a la tercería de José Vicente y al barril sin fondo con que Chávez negoció el voto de los países del Caricom para cerrarle el paso al entonces canciller mexicano Luis Ernesto Derbez, nunca fue ajeno a los nexos afectivos entre el socialismo austral y el ideario del redentor barinés, de modo que sus pronunciamientos, mientras éste estuvo con vida, procuraron no rozarlo ni con un pétalo de rosa. Por eso desconcierta que ahora, después de una década de celestinaje, se encarame en la tribuna de la contrición para deplorar la actitud del OEA en relación con nuestro país.

“Creo que ha sido muy lamentable que la OEA no haya tomado una actitud colectiva con respecto a Venezuela, cualquiera que sea, o que no haya habido una declaración”, ha manifestado a las agencias noticiosas quien ahora se dispone a reaparecer en el ruedo político chileno. Está bien que lo crea y lo diga (nadie está exento de decir tonterías); lo malo es que, refiriéndose a las negociaciones que sostiene haber propiciado, sin éxito, haya defendido, como condición sine qua non para que se desarrollaran aceptar la legitimidad de Nicolás Maduro como presidente; legitimidad que era, precisamente, la génesis de un conflicto que aún no se resuelve y, que, por los vientos que soplan y con facilitadores como este Poncio Pilatos sureño –que no llegó a lavarse las manos porque, en su debido momento, no se las ensució como era debido–, dista mucho de solucionarse.

Como a todo buen cínico, cabe endilgarle la autoría de una frase generalmente atribuida al genial Groucho Marx: “Estos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros”.