• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Petróleo verde oliva

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El título es verdaderamente colosal: Compañía Anónima Militar de Industrias Mineras, Petrolíferas y de Gas. Pero también puede ser colosal el disparate, o la operación de naturaleza política que se puede ocultar en la fundación de la nueva empresa que se encargará de la explotación y la administración de los tesoros de la tierra. Cualquier pregunta, o cualquier tipo de sospechas, puede surgir ante la transformación de un grupito de oficiales de la FANB en improvisados e ineptos exploradores del subsuelo, en inesperados perseguidores de vetas minerales, en sorpresivos transportadores de mene.

En Venezuela sobran los conocedores del negocio, civiles en su inmensa mayoría. Tratamos con las compañías extranjeras desde su penetración durante la época de Gómez, fuimos haciendo poco a poco las leyes de la materia, fundamos la OPEP y, por fin, realizamos una nacionalización exitosa de la industria petrolera.

Una clase política que progresivamente se hizo ducha en el trato con los hidrocarburos, una élite gerencial que manejó con acierto lo que terminó por ser uno de los oficios más eficaces y rentables del mundo y un contingente de técnicos y obreros capaces de manejar con eficiencia y seguridad todos los pormenores del ramo, dieron a la sociedad la confianza de tener la garantía de sus ingresos debido a que la industria fundamental del país estaba en buenas manos.

Con la revolución bolivariana las cosas vinieron a menos, hasta el punto de que un modelo de negocios respetado en todas las latitudes se convirtió en un remedo, pero también en objeto de los análisis más despiadados en materia de incompetencia, manejos políticos y asuntos sucios. La administración roja-rojita no ha acabado con la industria petrolera y con las áreas mineras y gasíferas porque el trabajo precedente fue de tal trascendencia que ni los dirigentes más torpes y malintencionados lo han podido borrar, aunque ahora tal vez sea más lo que se ha perdido o dilapidado que lo que todavía se conserva de una actividad antigua y arraigada.

La fortaleza está llena de agujeros, pero se mantiene. De ella vivimos, mal que bien. La tal Compañía Anónima Militar puede ser, ahora sí, la precipitación del final. El gobierno permite que los oficiales, debido a su inexperiencia en el área, a sus carencias evidentes, se metan en camisa de once varas. Pero en la misma prenda se meten las fuentes de una riqueza primordial, por desgracia.

¿Cómo explicar semejante enormidad, semejante disparate sin fundamento, semejante entrega a la ineptitud y a la falta de credenciales? No solo clama al cielo el hecho de que se conviertan en zapateros los que no saben hacer alpargatas, sino también lo inesperado de la decisión. 

Hasta en los altos mandos de Pdvsa cundió la alarma ante la rivalidad verde oliva inventada en Miraflores. Como no existen respuestas técnicas, ni nada
por el estilo, se puede pensar, sin darle espacio a las exageraciones, que Maduro confecciona un salvavidas  con material hecho en los cuarteles.